Nuestro país ha sido la nación latinoamericana ?más promotora del libre comercio y el país con?más acuerdos comerciales a nivel global.

Brasil es proteccionista. Sus decisiones de política comercial no son un asunto dirigido contra México, sino la expresión de una forma de entender las relaciones económicas con el mundo. El libre comercio ha sido una especie de mal necesario para el gigante del Cono Sur. La reducción en su tasa de crecimiento del PIB se ha convertido en la oportunidad para volver a abrazar el credo proteccionista.

En los últimos 12 meses impuso una sobretasa de 30% a la importación de autos provenientes de cualquier país que no estuviera en el Mercosur, a excepción de México. Redujo las oportunidades de participación de empresas extranjeras en el sector petrolero. Puso barreras a algunos productos chinos, incluyendo juguetes. También incrementó impuestos para 100 productos extra Mercosur.

La presión para forzar la renegociación del Acuerdo de Complementación Económica 55 (ACE 55) con México forma parte de este amurallamiento simbólico. No hay esperanza de que Brasil ceda si tomamos como referencia lo ocurrido en otras disputas comerciales. Brasil pone en primer plano el interés de sus productores y la necesidad de mantener sus cifras de producción nacional. En segundo, coloca el cumplimiento de los acuerdos comerciales internacionales y, en tercero, el impacto de sus decisiones en los precios que pagarán sus consumidores.

¿Tendrá éxito Brasil con la implementación de una agenda proteccionista? Las apuestas están divididas. La presidenta Dilma Rousseff confía en que la limitación de las importaciones de su país permitirá impulsar la producción interna y relanzar el PIB, que pasó de 7.5% en el 2010 a 2.7% en el 2011. Sus detractores destacan que no le basta a Brasil con ser una potencia en materias primas y tener un mercado interno de 205 millones de habitantes. Hay un riesgo de que el proteccionismo se traduzca en un lastre para la productividad en el mediano y largo plazos. Para el mundo, el escenario se complica si la sexta mayor economía decide cerrarse. Habrá una desaceleración del comercio mundial y se recortarán las perspectivas de recuperación a escala global.

Brasil no está solo. Hay una tendencia creciente a implementar medidas proteccionistas. Un informe de la Unión Europea (UE) documentó que Rusia, India, China y Brasil (BRIC) han implementado 424 medidas de protección a sus mercados, desde que comenzó la crisis en el 2008. La UE indicó también a Argentina como uno de los países que más ha cerrado su mercado.

¿Qué hará México? La pregunta trasciende la crisis generada en torno del ACE 55. México ha sido el país latinoamericano más promotor del libre comercio y la nación con más acuerdos comerciales a nivel global. Hasta ahora ha respondido a las medidas proteccionistas de sus socios comerciales redoblando su apuesta por el libre comercio.

¿Podrá mantener nuestro país su apego ortodoxo al libre comercio? El contexto mundial no hace fácil bosquejar un pronóstico. El proteccionismo está ganando terreno más allá de los BRIC. Está en las campañas presidenciales de Francia y Estados Unidos, y en algunos de los debates más importantes de Alemania y Japón. La discusión no tarda en llegar a México. Globalizar o desglobalizar, he ahí otro dilema que nos tocará resolver en el próximo sexenio.

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