A Brasil que tanto le gusta el futbol y tan bien que lo saben jugar, deberían recuperar la máxima de la FIFA en su relaciones comerciales.

Porque no hay duda de que a ese país sudamericano le falta mucho Fair Play en el trato con sus socios económicos.

Porque así como en la cancha el equipo de Brasil joga bonito, al menos con México en la relación comercial ha mostrado un juego sucio, tramposo y mal intencionado.

Brasil es hoy una economía con problemas, no hay duda. Y lo peor es que su situación amenaza con convertirse en una verdadera catástrofe económica. Podríamos tener en el vecindario latinoamericano un país con problemas financieros del tamaño de Islandia. No sería una crisis al estilo griego, porque si bien la deuda externa brasileña es del doble de la mexicana, el tamaño de su economía la tiene bien cubierta.

Tampoco amenaza con ser una crisis al estilo español, con un muy elevado déficit fiscal. Aunque los gastos en los que están incurriendo para financiar Juegos Olímpicos y Mundial de Futbol los van a dejar en condiciones delicadas.

Islandia entró en crisis desde su sector bancario. La crisis de la banca islandesa fue el detonante de la primera gran crisis europea de estos tiempos.

Pero no, parece que el punto más flaco de las finanzas brasileñas está en su banca de desarrollo. Se han dedicado a prestar recursos públicos a manos llenas y la cartera vencida amenaza con colapsar ese sistema bancario.

El problema del excesivo financiamiento es que cualquier desequilibrio financiero acaba por complicar la capacidad de pago y ese país sudamericano ha pasado de tener un crecimiento de 7% a aspirar a uno no mayor a 3 por ciento.

En fin que es comprensible que con un panorama tan complicado los brasileños busquen la forma de llegar a la orilla, sobre todo cuando además de un desarrollo económico tienen una fama y dos eventos mundiales que cuidar. Pero de ahí a incumplir con su palabra, hay una gran distancia. Porque no parecen darle el peso suficiente a los intereses de sus contrapartes.

El acuerdo automotriz con México es un ejemplo del éxito mutuo derivado de las coyunturas económicas. Hasta hace no muchos años teníamos que resistir una importación masiva de autos brasileños, hoy que su competitividad baja derivada entre otras cosas de su fortaleza cambiaria, ellos venden menos de lo que nos compran. Ésa es la ley del mercado.

Y del otro lado, lo que hay es una tibieza preocupante de la autoridad mexicana que no es capaz de pedir respeto pleno a lo acordado.

Es cierto que la industria automotriz mexicana es muy exitosa y tiene la posibilidad de encontrar otro mercado. Es verdad que una cuota impuesta por los brasileños no quebraría a este sector, pero también es cierto que si no son capaces de cumplir su palabra en un sector, no pueden ser confiables para un acuerdo más amplio.

Hasta hace un mes había la intención de buscar un Tratado de Libre Comercio con los brasileños, hoy no es un asunto de alguien en su sano juicio buscar desde este país un acuerdo así con un socio como ése.

La industria automotriz representa ciertamente casi la mitad del intercambio comercial bilateral, pero si con los autos nos cometen falta en el área y ante los ojos del árbitro, ¿de qué no serán capaces en el resto de la cancha comercial?

La primera piedra

A veces parece que Barack Obama no necesita tanto de los buenos datos económicos como de la división de los republicanos.

Los resultados de las elecciones primarias confirman que el abanderado opositor a Obama llegará con una profunda división del partido conservador y eso aumenta sus posibilidades de reelección.

Porque entre los republicanos hay grados de conservadurismo. Porque no es lo mismo el Tea Party con sus ultraderechistas, que los que tienen ideas más progresistas que pueden hacer frontera con el pensamiento demócrata.

Así que una recuperación del empleo y la economía le vienen muy bien a Obama, porque eso mantiene a los votantes tranquilos, pero parece que sus mejores promotores están en la trinchera de enfrente.