Habrá quien diga que el resultado es lo de menos, porque lo más importante era lograr que la ?Selección verdeamarelha siguiera en la cancha.

El marcador es un 2-1 en contra de la Selección azteca. Brasil consiguió las dos cosas que vino a negociar: México reducirá drásticamente sus exportaciones de autos y en sus envíos aumentará el contenido nacional de partes de 30 a 40 por ciento.

México pudo meter un golecito. Logró salvar el Acuerdo de Complementación Económica (ACE) . Para hacerlo, acepta una reducción mayor a 30% en las ventas a Brasil. Vendió 2,400 millones de dólares en el 2011. Tendrá un tope de 1,450 millones en el 2012; 1,560 millones en el 2013 y 1,640 millones en el 2014.

Habrá quien diga que el resultado es lo de menos, porque lo más importante era lograr que la verdeamarelha siguiera en la cancha. El riesgo era real: Brasilia estaba dispuesta a romper el ACE 55 en caso de que México no aceptara los términos propuestos por el gigante sudamericano. Esto quedaba claro en la carta diplomática que envió el 9 de marzo.

¿México es débil y Brasil fuerte? Esa impresión queda. Brasil impuso los términos principales del acuerdo. México sólo pudo afirmar su posición en los detalles. La posición inicial de Brasil era fijar el límite de las exportaciones mexicanas a partir del promedio de los últimos cinco años ( US1,150 millones). También puso en la mesa la pretensión de un contenido brasileño de 50 por ciento.

La delegación mexicana no consiguió incluir el rubro de las autopartes. No hay evidencias de que lo haya intentado. Ahí Brasil tiene superávit y, probablemente, no quiere ponerlo a negociación sino hasta que la industria mexicana consiga un saldo a favor. La debilidad o fortaleza son relativas y dependen del color del cristal con que se miren. En cualquier caso, aquí estamos hablando de un comercio intrafirmas: Nissan, Volkswagen, Ford, Honda y General Motors son las protagonistas del comercio automotriz entre México y Brasil. Para estos corporativos mundiales, lo importante es mantener en operación la fábrica mundial. La ruptura del comercio binacional no era una opción. De cualquier modo, vale la pregunta: ¿las filiales de las armadoras en Brasil estaban más cerca de su gobierno que las filiales de las armadoras en México?

Brasil 2 -México 1. Este marcador genera muchas dudas a futuro. No hay garantías de que los brasileños se abstendrán de presionar en otros temas, en caso de que sientan que puedan obtener nuevas concesiones. La balanza bilateral con Brasil suma unos 9,000 millones de dólares anuales. El comercio automotriz representa 45% de ella.

No está claro si vale la pena intentar un Tratado de Libre Comercio con Brasil o, por el contrario, es la señal de que tenemos que buscar por otro lado. A México le viene bien una diversificación de su comercio exterior. Depender 79% de Estados Unidos no es algo sano, como lo demostró el estallido de la crisis de los subprime en el 2008: nos sigue dando pulmonía cuando al Tío Sam le pega una gripe. Brasil es un hueso duro de roer pero también, un socio a considerar en el futuro: tiene un gran mercado interno y grandes perspectivas de crecimiento a futuro. El petróleo es un campo natural de colaboración, lo mismo que la búsqueda de soluciones en economía verde.

México 2- Brasil 1. Este marcador es deseable y posible en la medida en que vayamos un paso adelante en la próxima negociación. El que juega con piezas blancas lleva una pequeña ventaja. Lo saben los ajedrecistas.

lmgonzalez@eleconomista.com.mx