Con oportunidad y acierto, este miércoles Luis Miguel González, director de El Economista, presentó en estas páginas un análisis de la competencia que significará para México el plan de reforma económica profunda que ha prometido el presidente Bolsonaro para la economía de Brasil. A grandes rasgos, ese programa plantea “un agresivo programa de privatizaciones que le permitirán reducir el déficit fiscal y la deuda pública”, además de una muy amplia apertura comercial. Debería haber agregado que con las privatizaciones se incrementará la productividad en la muy alicaída economía brasileña.

De la nota citada me llaman principalmente la atención las cifras del estancamiento y del endeudamiento creciente en que metieron a Brasil las administraciones populistas subsiguientes de Lula y de Rousseff. Luego, me estremece la posibilidad de que en México se reedite una película parecida con AMLO. Coincido en todo con lo dicho en la nota “¿Cómo la Bolsonomics podría afectar a México?”, con una adición de importancia: México no únicamente competirá con Brasil por la inversión y los capitales ahora que Bolsonaro ha llegado a la presidencia, sino que lo ha hecho siempre y además con el resto de los países del mundo. De ahí la necesidad de contar internamente con un programa económico sólido y creíble y evitar enfrentamientos innecesarios con los mercados y con la clase empresarial.

Esta última tesis adquiere en el contexto de la actualidad una gran trascendencia. Ello, en razón de las muy graves secuelas que dejará en México la cancelación del nuevo aeropuerto de la capital y la forma en que se decidió. Y lo mismo vale decir, aunque quizá el impacto resulte a la postre de menor profundidad, con la ley que abortó para bajar unilateralmente las comisiones de los bancos.

Desde un punto de vista más general, en la retórica económica de la administración de AMLO se ha vuelto un lugar común exaltar las bondades de la estrategia económica que se denominó Desarrollo Estabilizador (DE), y que en su momento detonó en México un crecimiento económico formidable. Pues bien, una de las fórmulas clave que se utilizaron durante el DE fue cuidar con todo esmero el mantenimiento de la confianza de los agentes económicos. Y en ese colectivo se incluían desde luego los grupos empresariales. ¿Pero para qué procurar su confianza? Precisamente para eso: para que en México se pueda lograr un desarrollo económico rápido y sostenible.

BrunoDonatello

Columnista

Debate Económico