Luego de casi una década de desafiar la teoría financiera al rentar más que otros activos más riesgosos como las acciones, los bonos de gobierno muestran un desempeño pobre, incluso negativo en este comienzo de 2013 en que las acciones han registrado alzas.

La crisis que generó la Gran Recesión 2008-2009 ha sido la peor en la historia luego de la Depresión de los '30s. La actividad global se contrajo en 2009 y los países desarrollados más grandes del mundo como los Estados Unidos, Japón, Alemania y el Reino Unido sufrieron caídas en la actividad económica entre 3% y casi 6%. Reventó la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos y con ella -en cierta forma- también su sector financiero. La fuente de financiamiento para el consumidor norteamericano y las utilidades de grandes entidades financieras se "hicieron humo".

Los inversionistas huyeron despavoridos de los activos de riesgo (las acciones principalmente) hacia los "refugios seguros" (literal del inglés "safe havens"), como el oro y los bonos del Tesoro.

Medidas contra-cíclicas sin precedentes llevaron a las tasas de interés a niveles cercanos o iguales a cero. Los fuertes estímulos fiscales y monetarios tuvieron éxito en evitar una depresión y lograr la recuperación en 2010, año en el cual las economías de Estados Unidos, Japón y Alemania registraron una expansión entre 3% y casi 5% y el Reino Unido creció 2 por ciento.

Luego de tocar piso en marzo de 2009, las acciones globales empiezan a mostrar desempeños positivos, anticipando la recuperación económica, apoyadas en la abundante liquidez y valorizaciones que parecían castigadas en extremo.

A partir de entonces, por ya casi 3 años, analistas y observadores de mercado vienen anunciando el próximo fin de la bonanza -y de los atractivos retornos- de las inversiones "seguras" o refugio, especialmente de los bonos emitidos por el Tesoro Norteamericano. Dichas predicciones, hasta fines de 2012, han fallado sistemáticamente.

Porque así como hasta hoy prevalecen "daños" cuantificables consecuencia de esa mega crisis, también hubo un efecto más difícil de cuantificar, notablemente la pérdida de confianza en el sistema financiero y la instalación de una sensación de incertidumbre generalizada respecto del crecimiento económico y los mercados financieros.

Éstas han sido clave en el desencadenamiento de la crisis europea en 2011 y en el patrón de comportamiento de los mercados, entre otros.

El resultado ha sido que, midiéndolo con instrumentos invertibles, en los últimos 5 años, hasta fines de 2012, los bonos del Tesoro de mediano plazo registran un retorno acumulado de 44,4%, mientras que para las acciones de los Estados Unidos fue de 8,6% (medidas por el SPY) en el mismo periodo.

Pero desde el principio de 2013 y junto a un tímido optimismo, estos retornos son de -0.9% para los bonos del Tesoro y 5.4% para las acciones. ¡Ojo! Que manejar mirando el espejo retrovisor puede causar un gran accidente.

Por ello planteo que, habiendo pasado una de las peores crisis económicas de la historia, con sucesos anómalos, un mundo cambiando y re-balanceándose en muchos ámbitos.

¿Será hoy el principio del fin de la bonanza de los bonos? ¿O sólo una pausa de optimismo superficial respecto de la recuperación de las economías desarrolladas, principalmente Estados Unidos, que obligue al Banco Central (FED) a retirar los masivos estímulos financieros ante un potencial peligro inflacionario?

En realidad, da lo mismo, ya que invertir o destinar los ahorros a un instrumento financiero que promete pagar cerca de dos por ciento anual por los próximos diez años, con una probabilidad alta de que no compense ni siquiera la inflación, es una alternativa, al parecer, perdedora.

* Columna de Jaime de la Barra, socio y senior Investment Strategist de Compass Group, publicado en el diario chileno La Tercera el día de hoy.

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