El 20 de octubre pasado se celebró la elección presidencial en Bolivia. Horas después de terminada la jornada el órgano encargado de las elecciones suspendió el conteo rápido en el momento en que los números señalaban que era necesaria una segunda vuelta.

De manera imprevista, 24 horas después se abrió el conteo ya con 10 puntos de ventaja a favor del presidente Evo Morales, que se presentaba a su tercera reelección, sobre Carlos Mesa, el candidato opositor, diferencia que hacía innecesaria la segunda vuelta.

Los observadores internacionales, Mesa y amplios sectores de la sociedad denunciaron el fraude mientras que el órgano electoral reconocía como ganador a Morales. En los hechos, vía el fraude, se daba un golpe de Estado. En ese momento iniciaron las protestas que se mantuvieron por más de 20 días.

Ante la presión popular extendida por todo el país, el ministro de la Defensa salió a la televisión para anunciar que el ejército no iba a reprimir al pueblo. Los especialistas sostienen que el presidente había solicitado a las fuerzas armadas que detuvieran las manifestaciones.

Morales citó a nuevas elecciones y anunció la renovación del órgano electoral al conocer los resultados de la auditoría vinculante de la OEA que sostenía que la elección había estado llena de irregularidades y era necesario reponerla.

El sábado y el domingo pasados arreciaron las protestas y el ejército, en un gran error, que se puede considerar como un golpe de Estado, solicitó al presidente “la renuncia de su mandato permitiendo la pacificación y el mantenimiento de la estabilidad por el bien de nuestra Bolivia”.

Es, en todo caso, un golpe de Estado sui generis. El presidente, a su renuncia, no tenía orden de captura y siguió en el país con libertad para expresar sus puntos de vista desde su casa, los militares no tomaron el poder, no reprimieron y el proceso para la sucesión de presidente ha seguido el cause legal.

El partido del presidente no ha sido inhabilitado y conserva la mayoría en el Congreso y va a participar en las próximas elecciones con respeto a sus derechos políticos. El presidente Morales solicitó asilo en México. El canciller Ebrard dijo que se le concedía “asilo político por razones humanitarias”.

No se puede justificar la petición del ejército, pero la crisis institucional fue provocada por el presidente Morales que hizo fraude electoral, con el apoyo del aparato del estado bajo su control para continuar en el poder otros cinco años más y así poder llegar a los 19 años de manera continua.

La solución ideal, después de que el presidente renunció al fraude, era haber repuesto el proceso electoral con un órgano electoral renovado, no bajo control del gobierno, integrado en acuerdo con las fuerzas de la oposición y vigilado por instancias internacionales.

En Bolivia, como lo señala la Constitución, una senadora ha asumido la presidencia de la República y en 90 días habrá nuevas elecciones por la presidencia. En ese momento quedarán atrás los dos golpes de Estado que tuvieron lugar en el lapso de un mes.

Rubén Aguilar

Asesor Político

Convicciones

Licenciado en filosofía, maestro en sociología y doctor en ciencias sociales por la Universidad Iberoamericana (Campus Santa Fe, México). Tiene estudios de comunicación en el ITESO (Guadalajara, Jalisco) y de desarrollo institucional en el INODEP (París, Francia). De 1966 a 1979 estuvo en la Compañía de Jesús.