Se trata, en sentido figurado, del boleto o de la póliza que garantiza la continuidad del estancamiento económico para el resto del sexenio...

Metafóricamente, el gobierno de la autodenominada Cuarta Transformación ya sacó boleto o adquirió una póliza. El logro no se proclama en el sentido positivo. Se trata, en sentido figurado, del boleto o de la póliza de seguros que garantiza la continuidad del estancamiento económico para el resto del sexenio. Al respecto, cabe recordar que la economía mexicana ya había entrado en recesión aun antes de que impactara la crisis por el coronavirus.

Pero debe ser claro que ese boleto o esa póliza no llegaron de manera gratuita. La adquisición fue en abonos y los pagos parciales se fueron liquidando con toda puntualidad. ¿Cómo? Con decisiones gubernamentales desacertadas y altamente destructivas, con excesos verbales cometidos principal, aunque no exclusivamente, en las conferencias mañaneras, con embestidas en contra de los entes autónomos, con acciones de gobierno intensamente controvertidas, con la cancelación de proyectos de inversión ya en marcha. Por restricción de espacio no se ilustran esas líneas de acción con ejemplos tristemente célebres, pero los casos no faltan por desgracia. Y sobresale sobre todo en ese recuento la cancelación del aeropuerto en Texcoco en octubre del 2018 con apoyo en una consulta popular que careció totalmente de legitimidad.

Durante el inicio del sexenio, se proclamó que en materia de estrategia económica se buscaría emular al modelo del Desarrollo Estabilizador, que prosperó durante las décadas de los 50’s y 60’s del siglo pasado. Sin embargo, todo parece indicar que ese intento de emulación se quedó en tan solo una mera fórmula retórica.

Dos características fundamentales de la estrategia del Desarrollo Estabilizador han estado flagrantemente ausentes de la política económica de la 4T. La primera, la convicción de convocar y conservar la confianza de los agentes económicos (consumidores, ahorradores, inversionistas, empresarios) de una manera proactiva. La segunda, la búsqueda de complementación entre la inversión pública y la privada. Como en el caso de las reformas eléctrica y petrolera, en la actual administración más bien lo que se busca es desplazar inversiones privadas con inversiones públicas.

Un error grave sería suponer que en el Desarrollo Estabilizador la confianza se logró con una sumisión del gobierno respecto a las grandes cúpulas empresariales. Esa sumisión desde luego que no se produjo, pero si hubo mucha habilidad por parte de las autoridades para lograr alinear los incentivos de los empresarios con el objetivo gubernamental de un crecimiento elevado y sostenido de la economía nacional.

bdonatello@eleconomista.com.mx

Bruno Donatello

Columnista

Debate Económico

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