La oferta de Netflix es tan amplia y con tantas series nuevas cada semana, que sus productores ya van descubriendo que es más fácil poner el dinero para crear contenidos que promocionar y vender estos.

No basta la publicidad externa o la pantalla de bienvenida para atraernos hacia sus nuevas ofertas. Especialmente cuando Netflix produce tanto, como compra material para distribuir con su etiqueta de producto original y exclusivo.

Tal es el caso de la excepcional serie catalana Merli, que produjo Televisión Española en 2015 para TV3, su emisora en catalán. Una serie que por su éxito rotundo fue comprada por otro grupo para transmitirla doblada al español en el resto de España. Para 2016 los scouts de Netflix la habían encontrado y adquirido para su distribución en el resto del mundo.

Desde Cero en conducta hasta La sociedad de los poetas muertos, el aula de clases ha sido vehículo para contar historias que cumplen con dos principios básicos: Uno, el retratar el impacto, positivo o negativo que tiene un maestro o sistema educativo en futuro de la sociedad (representado por sus estudiantes). Dos, el valerse de esa aula como representación microcósmica de la sociedad en que se insertan sus alumnos, los padres, profesores y el colegio en su conjunto.

Desde To sir with love (Al maestro con cariño) a Monsieur Lazhar, pasando por los documentales franceses Ser y Tener y La clase, el impacto que tiene un maestro, no sólo entre los alumnos, sino en el núcleo social, ha inspirado todo tipo de emociones en su público, emocionando, conmoviendo, creando conciencia y hasta horrorizando.

Hay, sin embargo, una diferencia entre las cintas que abordan el salón de clases en la primaria, donde los niños son aparentemente más dúctiles, entrañables y el mensaje está dirigido a aquellos padres entre los espectadores que pueden reaccionar frente a la historia. Y aquellas que abordan maestros de secundaria y preparatoria, donde los estudiantes configuran la dualidad de vulnerabilidad emocional con las cargas, dificultades y prejuicios que les formaron en la infancia y de alguna manera configuran los adultos que serán.

Merli cuenta la historia de un maestro substituto de filosofía (el espléndido Francesc Orella) que llega a un colegio público catalán con estrategias suigéneris de enseñanza.

Cada capítulo aborda una doctrina filosófica, y a la manera de muchas series, la doctrina se vuelve una suerte de motivo temático para la trama y los sucesos que se desarrollan ahí.

Merli es tan carismático que muy pronto se gana a sus alumnos, acostumbrados a la estructura educativa tradicional que representan los otros profesores. Añádanse a la olla, los romances interinstitucionales, las rivalidades entre maestros, las inseguridades, amores platónicos y dificultades vitales de los jóvenes alumnos, y a que entre ellos se encuentre Bruno (David Solans), hijo resentido de Merli, que además tiene un conflicto profundo con aceptar su propia sexualidad.

Erraría diciendo que hay algo innovador en la estructura de los capítulos o en la historia misma, las aulas y los conflictos en la edad de formación han sido suficientemente explorados en la televisión y el cine del último medio siglo. Sin embargo, los guionistas y actores de Merli han conseguido un perfecto equilibrio entre el humor, lo dramático, el cinismo y la mala leche que se encuentran en cualquier núcleo humano.

Mejor aún, la serie no busca, como tantas otras de este tipo, pontificar un tipo de emoción, de educación, de pesimismo u optimismo valiéndose de fórmulas y estereotipos. No es el impacto idealizado del maestro que encarna Robin Williams entre los poetas muertos, sólo para ser sofocado por una sociedad represora.

Si una agenda ideológica lleva Merli es la idea de la tolerancia, la inclusión y la reflexión, y no discurre en obviedades o cae en la condescendencia con el espectador. Al contrario, sus guionistas resuelven con suma inteligencia los argumentos del profesor, persuadiendo e invitando al espectador reticente a unirse a la clase. Es un efecto provocativo, inteligente y mucho más estimulante que la mayoría de la televisión que se hace, aún en esta edad de oro del medio.

Twitter @rgarciamainou

RicardoGarcía Mainou

Escritor

Las horas perdidas

Estudió Ciencias de la Comunicación con especialidad en Radio y Televisión Educativa en la Universidad de las Américas Puebla.

Ha escrito, editado, traducido y diseñado para diversas publicaciones literarias, periodísticas y especializadas: locales y nacionales (Libros de México, Revuelta, De viaje, Cinéfila, La masacre de Cholula, etc.).