Los gobiernos se encuentran sumidos en el peor de los desprestigios, a nadie satisfacen las medidas sanitarias, económicas y mucho menos de distanciamiento social.

Los políticos tradicionales dieron paso a los científicos. Nunca en la historia de la humanidad un funcionario de medio pelo o un hombre de ciencias tuvo tanto poder.

El año 2020 es gobernado por los biopolíticos, grupo de especialistas en la salud que se ha enquistado en las estructuras de poder. Y que, por cierto, ni en el terreno sanitario y ni político han dado resultados.

Los gobiernos se encuentran sumidos en el peor de los desprestigios, a nadie satisfacen las medidas sanitarias, económicas y mucho menos de distanciamiento social, más allá de los resultados muy a modo de las encuestas que, de alguna manera, se realizan en pleno distanciamiento social.

Para los biopolíticos, la pandemia es incontrolable, los manuales de la Organización Mundial de la Salud, los sistema de vigilancia epidemiológica y los sistemas de salud resultaron insuficientes. ¡No saben qué hacer!

Los políticos tradicionales dieron paso a los científicos. Nunca en la historia de la humanidad un funcionario de medio pelo o un hombre de ciencias tuvo tanto poder.

Los jefes de la emergencia sanitaria juegan diferentes roles de acuerdo con sus especialidades. en algunos dirigen a los equipos médicos en la atención hospitalaria; en otros, las investigaciones para descubrir la cura y la vacuna; en otros, burócratas se limitan a difundir el subregistro de contagiados. Los biopolíticos mareados por su fama momentánea ingenuamente sueñan con competir en la política en contra de sus jefes.

Para los biopolíticos la conducción social resulta fácil, el miedo a morir permitió que las sociedades, hasta las más liberales, aceptaran sin chistar. Aunque se limiten sus derechos humanos, desde restricciones a la libertad de tránsito hasta el paro económico.

El miedo alimenta a los autócratas que gobiernan desde el púlpito de la ciencia. La biovigilancia digital resulta un hecho natural; el monitoreo de signos vitales para detectar zonas de contagio por parte del gobierno es algo necesario. En otras circunstancias nadie proporcionaría información biológica, sin interponer una docena de amparos.

Querido lector, llegará el tiempo en que todos evaluemos a los biopolíticos, sin histeria social y podamos ver, sin miedo a morir, la mediocridad de sus acciones para contener el coronavirus.

Entre tanto, querido lector, mesura para entregar todo aquello por lo que vale la pena vivir por el miedo a morir. Hasta la próxima y cuídese mucho, el pico de la pandemia es interminable.

Eliseo Rosales Ávalos

Abogado

Los mismos de siempre

Politólogo y abogado, académico, columnista, presidente de ciudadanos sin partido y orgulloso mexicano.