Decisión salomónica fue la que asumió la Suprema Corte de Justicia de la Nación en la revisión del caso Florence Cassez.

Si bien el proyecto del ministro Arturo Zaldívar no logró el respaldo de la mayoría de la Sala Penal, la votación reflejó el peso que los ministros dieron a sus argumentos.

El resultado fue una vía intermedia entre la negativa de amparo y el otorgamiento de la inmediata libertad, que pone en equilibrio la búsqueda de la justicia y el cumplimiento de la ley.

Mal día, aunque no tanto para FC, entiéndase Florence Cassez, quien, a pesar de no haber salido libre de toda culpa, obtuvo el reconocimiento de parte agraviada por violaciones al debido proceso y, con ello, una segunda oportunidad en manos de la ministra Olga Sánchez Cordero, única que apoyó en sus términos el proyecto de Zaldívar.

Mal día, eso sí, para el otro FC, léase Felipe Calderón, frente a su equivocado papel de abogado de víctimas y no de promotor del Estado de Derecho. Peor aún frente a la?aparente defensa de una procuración de justicia que no repara en los medios para alcanzarla.

Bien por los ministros de la Corte, que soportaron embates mediáticos, presiones públicas, civiles y oficiales, políticas y electorales, mexicanas y francesas, y que de manera mesurada pusieron en evidencia la complejidad del caso y la seriedad de sus interpretaciones legales.

Bien también por el ministro presidente Juan Silva Meza y la reivindicación del trabajo del máximo tribunal como garante de los derechos de todos los ciudadanos. La contundente réplica de Silva Meza al presidente Calderón abona a la confianza en una institución clave para la consolidación de nuestra aún frágil democracia.

Hoy, jueces, magistrados y ministros estamos atentos para aplicar el nuevo marco legal en materia de amparo y de derechos humanos que exige que el nuestro sea un país en el que imperen la justicia y la igualdad, no la arbitrariedad.

Justicia basada en instituciones y procesos que hagan que sea justicia de verdad. No al abuso de poder, paso previo al autoritarismo y a la impunidad. No a la creencia de que la ley puede cumplirse a capricho , dijo el ministro Silva Meza.

Buena noticia es también para todos la defensa de las instituciones, el equilibrio de poderes y el cumplimiento de la legalidad como cimiento y certeza de la convivencia democrática.

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