Con un Barack Obama reelegido, lo que sigue es corregir de inmediato el precipicio fiscal.

Los planes de reestructura fiscal de los países europeos no garantizan que saldrán de la crisis.

Todos los reflectores estaban puestos en Estados Unidos. Y no es para menos, la nación más poderosa del mundo estaba en proceso electoral.

Tradicionalmente demócratas y republicanos se balancean muy al centro del espectro político, con matices tenues entre los planteamientos de unos y de otros.

Pero esta elección tenía características de polarización porque la gran potencia está fiscalmente herida y los encargados de aplicar los tratamientos estaban encargados de atizar el fuego.

Hoy con el pronóstico cumplido de un Barack Obama reelegido, con mayoría en la cámara de Senadores y con desventaja en la Cámara de Representantes, lo que sigue es que el Presidente de Estados Unidos haga valer el liderazgo obtenido para corregir de inmediato el precipicio fiscal.

Algo de gran valor para poder lograr ese objetivo es el mensaje que emitió Mitt Romney. Tan pronto como conoció su derrota, levantó el teléfono y felicitó a Barack Obama por su reelección.

Acto seguido, salió a los medios a felicitar a Obama y a ofrecer el apoyo propio y de su partido para sacar adelante a su país. Un gesto de gran categoría y sentido democrático del candidato vencido.

Imposible que no haga la referencia a lo que pudo haber hecho México en el 2006, si en lugar de negarse a aceptar su derrota y asaltar las calles de la ciudad, la izquierda hubiera tendido la mano al panista ganador.

Ya en la elección pasada, cuando el mismo personaje, enfermo de poder, volvió a desconocer el resultado electoral, la izquierda se deshizo de él para negociar con el resto de los partidos políticos.

Pero bueno, lo que el mundo espera ahora de Estados Unidos es que durante los 50 días que le quedan al año es que se logre, primero, frenar la entrada en vigor del paquete conocido como el precipicio fiscal, para después dar paso a un plan de corrección fiscal que no tire la economía de su país.

Pero este no es el final de la historia de las preocupaciones mundiales de este año. No es momento para los mercados de ponerse a pensar en sus fiestas de cierre del 2012.

De entrada, los reflectores políticos se voltean de inmediato a China, donde está en marcha, Hu Jintao deja el liderazgo del partido comunista chino después de diez años, y en regímenes como ese, cuenta mucho el temperamento de los que lleguen, lo que hoy es claramente una duda importante.

Y en la parte económica el centro de la atención de los mercados es Europa. Todavía quedaba champaña en las copas de los demócratas en su celebración, cuando el Presidente del Banco Central de Europa echaba una cubeta de agua helada a los merados.

Mario Draghi dijo algo tan sencillo como que la crisis europea empeora y ya alcanzó a Alemania. Los pronósticos económicos de la propia Europa hablan de un 2013 en recesión en la mayor parte de las naciones, y de una Alemania estancada en el nulo crecimiento.

Grecia, de la que ya nadie se acuerda, sigue siendo la mecha de una auténtica bomba nuclear. La aprobación parlamentaria es tan sólo un capítulo más de una larga lista de acontecimientos políticos que se darán este mes para saber si el país ya se va o se queda más tiempo a agonizar en la zona euro.

La próxima semana, el parlamento tiene que aprobar todo el presupuesto anual griego y un día después la Troika decide si le sueltan 31,500 millones de euros más del programa de rescate.

España confirma que su economía tendrá una recesión este y el próximo año y posiblemente durante el 2014. Y no hay la decisión política para pedir la ayuda, que es indispensable.

Por eso es que las fiestas bursátiles de ayer duraron tan poco tiempo. Las bolsas de Asia y Europa tuvieron una euforia tan efímera que acabaron por demostrar esa bipolaridad de la que son capaces.

No es más que una muestra de que no hay soluciones a los problemas centrales. Obama en la Casa Blanca no resuelve el precipicio fiscal. Los planes de reestructura fiscal de los países europeos no garantizan que saldrán de la crisis.

¡Ya ganó Obama! Qué bien a lo que sigue.

ecampos@eleconomista.com.mx