Al principio se le veía nervioso. Era inevitable traer el peso sobre su espalda de suceder a uno de los más famosos y polémicos banqueros centrales de Estados Unidos de los últimos tiempos.

No era cualquier cosa tomar la silla del personaje al que se le consideraba como un gurú de las finanzas mundiales.

Por eso, cuando Benjamin Shalom Bernanke relevó a Alan Greenspan al frente de la Reserva Federal (Fed) de Estados Unidos muchos desconfiaban de su actuación.

Hoy Bernanke es un personaje que se desenvuelve con mucha naturalidad.

A pesar de enfrentar tiempos complicados, por el papel controversial del banco central como supervisor bancario frustrado y como laxo emisor de cientos de miles de millones de dólares para la reactivación económica.

No son pocos los que no le perdonan a la Fed no haber cumplido adecuadamente su papel de supervisores del sistema financiero, lo que permitió que ante los ojos de todos se derrumbara el imperio de Lehman Brothers, al que dejaron quebrar. Y luego en cascada muchos otros bancos.

Tampoco se puede borrar de la mente el enorme rescate, histórico, para mantener a flote al American International Group. Bernanke ya estaba ahí.

Ayer, dueño de la situación, Ben Bernanke hizo historia pues, por primera ves en casi un siglo de existencia de la Reserva Federal, un Presidente de la Fed ofreció una conferencia de prensa después de una reunión del Comité del Mercado Abierto.

Imposible pensar que el inalcanzable Greenspan se atreviera a comparecer ante los medios de esta manera.

Durante más de una hora el banquero central de los Estados Unidos respondió toda clase de preguntas relacionadas con la labor del banco. Y más allá de las respuestas, lo mejor para él, la Fed y los mercados es que no cometió errores en las respuestas.

Y es que una palabra mal puesta podría poner en aprietos la endeble estabilidad de la economía estadounidense. No se equivocó.

No hubo sorpresas ni en la decisión del Comité, menos en las declaraciones de Bernanke.

No subirán las tasas de interés hasta que no termine el programa de inundación de dólares. Cuando acabe el programa de compra de bonos por 600,000 millones de dólares, entonces sí habrá que esperar un cambio de señales hacia una política monetaria, dijo, más normal. Eso sería en un par de reuniones, se le escuchó decir a este personaje.

Del crecimiento económico tampoco hay grandes novedades: una recuperación que ha perdido dinamismo, pero que podría alcanzar para mejorar la expectativa de creación de empleos.

Y en el terreno de los energéticos, que tanto ha pesado en la inflación general de Estados Unidos, Bernanke vaticinó una baja a partir de ahora en los precios del petróleo.

Lo mejor sin duda para Bejamin es que no dijo absolutamente nada. Dejó a todos con ganas de escuchar de sus palabras algo espectacular. Se ve que cuidó hasta el color del traje y la corbata para no causar ningún aspaviento.

Lo cierto es que detrás de esa imagen tan cuidada, de ese escenario casi perfecto para dar una conferencia, hay un banquero central que debe estar muy preocupado por reaccionar a tiempo ante posibles presiones en los precios. Eso es un hecho, aunque no nos lo haya querido decir ayer.

La primera piedra

El evento más importante del próximo 1 de mayo estaba pensado en territorio mexiquense, como una forma de pleitesía política futurista de los sindicatos afines al Partido Revolucionario Institucional.

Pero resulta que ya les avisaron que no podrá ser como ellos lo planearon, porque el gobernador Enrique Peña Nieto parece que tiene confirmado su lugar para volar con destino a Ciudad del Vaticano para estar el día primero festejando a un beato y no a los sindicatos.

Lo que sí promete poner en peligro la paz de las concentraciones del Zócalo capitalino son los alacranes con alas del SME. Este sindicato sin empresa ya decidió que no se mueven de la plaza donde tienen su campamento.

Pero además prohibieron, con todo el peso que les da la impunidad, que marchen los trabajadores del Sindicato Único de Trabajadores Electricistas de la República Mexicana, bajo amenaza de generar violencia.

Seguramente los del Congreso del Trabajo tendrán que hacer lo mismo que tienen pensado para los festejos del 1 de mayo en el norte del país: reuniones a puerta cerrada con los gobernadores afines, por el miedo a la inseguridad.