Lo que Ben Bernanke ha hecho con sus acciones y declaraciones es dejar en evidencia las políticas erróneas de la era republicana de George W. Bush y darle un raspón a su mote de intocable gurú a Alan Greenspan.

Ben Shalom, Bernanke no la tenía nada fácil. En la oficina principal de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) estaba el par de enormes zapatos de Alan Greenspan. Y lo tenía que llenar.

Cuando el entonces Presidente, George W. Bush, lo nominó como titular de la Fed, la economía estadounidense estaba en plena formación de sus peores desgracias financieras contemporáneas.

El sector financiero abusaba de los bonos peligrosos, el gobierno de Bush gastaba a manos llenas en guerras y en mil cosas más, dilapidando rápidamente la salud financiera que había recibido de manos de William Clinton.

Pero, más que esas irresponsables prácticas desde la Casa Blanca, Bernanke se encontró con un Alan Greenspan que repentinamente había girado la política monetaria de ser laxa tras los atentados del 2001 a ser repentinamente restrictiva desde finales del 2004.

Lo que el banco central estaba haciendo era encender la mecha de la bomba financiera que habría de explotar de una forma estridente y emblemática con la quiebra de Lehman Brothers en septiembre del 2008.

Y es que tasas bajas y con tendencia decreciente motivaron que los prestamistas buscaran colocar más créditos no siempre en manos responsables. Ahí se incrementó esa bola de nieve de las hipotecas subprime, donde se podían tener dos o tres préstamos de ese tipo sin que la garantía fuera suficiente.

Bernanke llegó a frenar esos incrementos y a iniciar una prolongada curva de descenso del costo del dinero que promete mantenerse prácticamente en cero hasta finales del 2014.

Y cuando el actual titular de la Fed se encontró con el piso en su obsesiva baja de las tasas de interés, empezó a cavar el sótano del dinero barato con sus planes de liquidez.

Obviamente, un Presidente de la Reserva Federal que defiende, al estilo José Alfredo, que el dólar no valga nada, es adorado por los mercados financieros que gozan de la enorme liquidez que les permite hacer bucitos y echarse clavados en un mar de dólares.

No le ponen un monumento en las inmediaciones de Wall Street sólo porque el Bowling Green Park de Nueva York ya está ocupado con la enorme estatua del toro que embiste, que representa a los mercados fuertes.

Pero no hay duda de que los que más tristes se ponen ahora con los rumores de la posible no reelección de Bernanke son los que operan esos poderosos mercados financieros. En estos tiempos, se han logrado enormes ganancias bursátiles a pesar de que la economía se mantenga con una recuperación mediocre.

Lo que Ben Bernanke ha hecho con sus acciones y declaraciones es dejar en evidencia las políticas erróneas de la era republicana de George W. Bush y, de paso, darle un raspón a su mote de intocable gurú a Alan Greenspan.

No son pocas las voces las que culpan a las políticas de Greenspan como las responsables de la burbuja hipotecaria que se generó a principios del siglo y del repentino rompimiento de esa burbuja con el aumento en las tasas de interés.

La versión es que, si Barack Obama gana las elecciones presidenciales, Bernanke no buscaría un tercer mandato al frente de la Reserva Federal a partir del 1 de febrero del 2014.

Y no es que a este poderoso financiero le haya traicionado su corazoncito republicano -parece que lo tiene, a juzgar por sus amistades del Tea Party-, más bien no habla de quedarse si gana Mitt Romney, porque éste ya dijo que ni loco postula a Bernanke para otro mandato.

Obama, por el contrario, debe estar muy agradecido con todos los que toman decisiones en la Fed porque, ante la imposibilidad fiscal de impulsar la recuperación económica, la hiperliquidez ha ayudado a sus fines de gobierno y electorales.

La Fed de Bernanke ha jugado en la raya del peligro inflacionario. Tasas en 0% son un cerillo cerca de los barriles del combustible inflacionario. Pero, a pesar de lo peligroso de la maniobra, la verdad es que le ha salido muy bien al banco central.

Esto no significa que el riesgo no exista. La historia económica de Estados Unidos nos muestra que los incrementos en los precios pueden darse mucho más rápido que la respuesta monetaria.

Él mismo tiene que confirmar si se va. Por ahora, ya se ganó su lugar en la historia. Su foto colgará junto a la de Paul Vol-cker y Alan Greenspan que, junto con Bernanke, son los tres únicos presidentes de la Fed que ha conocido Estados Unidos desde los años 70.

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