El anuncio del Papa Benedicto XVI de abandonar el ministerio como sumo pontífice de la Iglesia Católica resultó una noticia inesperada que sorprendió al mundo eclesiástico y civil. La decisión no se puede calificar únicamente con la razón en su carácter de líder o jefe de Estado. La decisión que anunció frente al consistorio de cardenales tiene un componente espiritual imposible de ignorar.

Al explicar las razones que lo llevaron a tomar tan difícil decisión, el Papa Benedicto XVI destacó que, después de examinar su conciencia, llegó a la certeza de que por motivo de edad avanzada no podía seguir ejerciendo adecuadamente el ministerio encomendado.

Se requiere tener un gran valor y un profundo sentido de humildad para reconocer cuando no se puede cumplir con una tarea de manera satisfactoria. Con este gesto, el Papa demostró que el poder temporal conferido por su jerarquía está en un segundo plano. Al afirmar que su vigor de cuerpo y espíritu ha disminuido en los últimos meses, dejó claro que la misión espiritual de un pontífice trasciende a la persona y al cargo.

Más allá de tratarse de un líder religioso, la renuncia del Papa Benedicto XVI pone sobre la mesa un tema fundamental en el ejercicio de liderazgo.

El poder más grande de un líder, en cualquier ámbito, radica en su autoridad moral. Cuando un líder dice lo que piensa, pero más importante aún, hace lo que dice, entonces genera credibilidad e inspira confianza. Ésta es la base de la autoridad moral que convoca y transforma.

Por encima de las críticas a las que estuvo sujeto desde que asumió la cátedra de San Pedro en el 2005, el Papa Benedicto XVI se preocupó por los temas de fondo, que no necesariamente son los más visibles o populares. Quizás no fue un Papa de masas y de múltiples viajes como su antecesor, Juan Pablo II, pero sí fue un hombre decidido a aclarar y resolver temas que requerían respuestas urgentes y profundas.

Blindado frente a las críticas, el Papa tuvo el valor de reconocer la necesidad de poner fin a su ministerio y abrir paso a un nuevo líder en la Iglesia. Aún hay muchos temas importantes que el próximo Papa tendrá que abordar. Benedicto XVI se despide con la frente en alto, tras ocho años de testimonio en el amor, la esperanza y la fe.

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