La llegada de Martí Batres al gabinete de Claudia Sheinbaum es un viraje radical en la estrategia política de Morena, no sólo en la Ciudad de México, sino en el núcleo mismo del lopezobradorismo.

Me explico. Los grandes pilares de la construcción de la izquierda gobernante en la Ciudad de México se desdibujaron al llegar Andrés Manuel López Obrador a la presidencia. Bueno no, se habían desdibujado desde antes, con la degradación de la clase política perredista, pero es evidente que en la histórica entrada del tabasqueño a la enorme puerta de Palacio Nacional, no salieron en la foto los que se sentían con derecho a ello. No, Olga Sánchez Cordero no era de los históricos. Ni Manuel Bartlett, por favor. No, tampoco Romo y a duras penas Marcelo Ebrard. A duras penas porque en la época fundacional del movimiento, Ebrard era un camachista que se rebeló en el PRI, contendió contra López Obrador en el 2000 por el jefe de gobierno y al cuarto para las 12 brincó al barco del tabasqueño sumándose al primer triunfo relevante de la izquierda en México. Eso fue en el 2000. En el 2006 todavía peleaba por derechos de pertenencia para ser el candidato a la ciudad (y por cierto, ¿quién creen que le abrió la puerta en el partido? Batres).

Regreso al día de hoy, pasando por el 18. Los liderazgos de la ciudad fueron hechos a un lado. Los históricos: Julio César Moreno, René Bejarano (o bejaranistas como Enrique Vargas), Leonel Luna, Dione Anguiano, el propio Martí Batres. Dejo fuera a muchos, la lista es sólo ilustrativa. Algunos siguieron su camino en el PRD, otros desaparecieron de la escena, unos poquitito (como Clara Brugada), se quedaron en la ciudad y muchos otros continuaron en un segundo o tercer círculo de influencia dentro de Morena, como el propio Batres. Pero a los gabinetes, nada. 

Ahora llega Batres a la Secretaría de Gobierno y ojo con la lectura sobre eso. ¿Quién es Batres? Sí, ya leyeron que él sí es operador, no como los asépticos funcionarios que eligió Claudia Sheinbaum para gobernar. Y sí. Pero de cuáles. 

A ver, repaso brevemente su historia: Batres fue un destacado líder estudiantil en la UNAM, uno de esos que parecían eternos. Con sólida formación de izquierda, participó con energía en la fundación del PRD y casi le da un ataque al corazón (de gusto, pero también de asombro) cuando ganó por primera vez para el PRD en 1997 una diputación de mayoría en Benito Juárez. El segundo infarto (también de gusto, no crean que no iba con ganas) casi le da cuando se percató de que todos los colmilludos perredistas se habían quedado afuera porque estaban en la lista plurinominal y no en candidaturas de mayoría. La aplastante victoria hizo que él y no René Bejarano o Jesús González Schmall, fuera el primer coordinador de la bancada perredista. Estoy hablando de la legislatura capitalina, en 1997. 

De ahí en adelante, operador lopezobradorista por excelencia. No de los que hacían territorio. De los que diseñaban estrategias. ¿A quién le tocó la vocería del desafuero? A él. ¿Quién llevó todos los programas sociales durante el periodo de Ebrard? Él. ¿Quién fue de los primeros en subirse al barco de Morena? Él. 

Y sin embargo, en los últimos tres años quedó fuera de las decisiones políticas de lo que llaman la cuarta transformación. 

Hoy está de regreso. Es el primero. Regresa al área menos aprovechada tanto en el ámbito federal como en el capitalino: la negociación política en la secretaría de gobierno. ¿Piensan que no hacía falta? Entonces no se dieron cuenta del desastre legislativo que acompañó a Sheinbaum del 2018 al 2021. ¡No podían ni nombrar coordinador! Cambiaron cuatro veces y Sheinbaum no tuvo bancada. Por fortuna para ella,  hubo priistas y panistas a los que convino ser aliados, pero si alguien hubiese tenido la más pequeña intención de desestabilizarle la ciudad, lo habría hecho con la mano en la cintura. O el dedo en el celular. 

El cambio de estrategia en la capital del país no debe leerse sólo como un acomodo local. Es eso y es reacción a los resultados electorales, pero hay algo más, algo que trasciende a la ciudad. Martí Batres nunca fue un hueso fácil de roer para los gobernantes y líderes en turno. No, no es ni será sheinbaumista. Es un hábil y leal operador de López Obrador con camino propio. No es un nuevo funcionario de Sheinbaum. Es un nuevo jugador en el tablero completo. No lo pierdan de vista.

Ivabelle Arroyo

Politóloga

La Sopa

Ivabelle Arroyo Ulloa es politóloga y analista, con 24 años de trayectoria periodística. Es jurado del Premio Alemán de Periodismo Walter Reuter en México. Dirige una revista digital sobre política capitalina y escribe para medios jaliscienses.

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