En el proceso constituyente de la CDMX se intentó, desde la izquierda, cerrar el paso a la participación privada en el manejo de los residuos sólidos que genera la ciudad ( Queda prohibida la privatización o concesión de los servicios públicos de recolección y tratamiento de residuos sólidos ). Sin embargo, se logró dejar abiertas algunas rendijas: El tratamiento, aprovechamiento y manejo de los residuos sólidos se desarrollarán con base en los mecanismos que las leyes permitan .

El manejo moderno y productivo de la basura implica tecnologías sofisticadas y cuantiosas inversiones que no están al alcance de los gobiernos locales en América Latina. Hay opciones económicamente más accesibles, como el relleno sanitario; no obstante, son ya inviables en nuestra ciudad por falta de sitios ambiental y socialmente aptos. En la actualidad, la CDMX genera 13,000 toneladas (t) diarias de residuos sólidos, de las cuales exporta a rellenos sanitarios en el Estado de México más de 8,600 t, a un costo de casi 500 pesos por tonelada. El resto de los residuos se recicla, va como combustible alterno a hornos cementeros o se destinan a composta. Este esquema de manejo de basura es insostenible. De ahí la urgencia de un proyecto de aprovechamiento de la basura como energético primario para la generación de electricidad; es decir, termovalorización (en lenguaje llano, una planta basuro-eléctrica). Este proyecto, a cargo de la empresa francesa Veolia, se ha concretado en la CDMX; será la primera planta de termovalorización en Latinoamérica y una de las más grandes del mundo. Transformará diariamente 4,500 t de basura en electricidad. Por cierto, existen casi 2,000 plantas de este tipo en el mundo, especialmente en Europa, Estados Unidos y Japón.

Se trata de un proceso de alimentación continua de basura, con combustión controlada en un horno de parrilla y recuperación de energía con un muy bajo nivel de emisiones. En una caldera se realiza el proceso de combustión; el calor generado evapora agua a alta presión, utilizado en una turbina generadora de electricidad. El vapor es enfriado para convertirlo nuevamente en agua, la cual regresa a la caldera para iniciar de nuevo el ciclo. Se proyecta una potencia eléctrica de 120 MW que permitirá abastecer enteramente al STC Metro.

La temperatura de combustión superará los 850°C durante más de 2 segundos, lo que evita la formación de contaminantes riesgosos como dioxinas y furanos. También, se eliminarán las emisiones de óxidos de nitrógeno (NOx, precursores del ozono) mediante un reactor de amoniaco, que tendrá como productos nitrógeno y agua. Los gases y ácidos (clorhídrico, fluorhídrico y sulfúrico) remanentes serán depurados y neutralizados con hidróxido de calcio (cal), mientras que los metales pesados y otros compuestos serán adsorbidos (sí, adsorbidos) sobre carbón activado. Por último, un filtro de mangas separará las cenizas o partículas restantes (3% de la masa inicial de basura), que serán tratadas como residuos peligrosos. Entre tanto, las escorias de la combustión (20% de la masa inicial de basura) servirán como materia prima para la elaboración de concretos y pavimentos. El caso es que la planta cumple con los estándares europeos de emisiones, que son más estrictos que los mexicanos establecidos en la NOM-098. De hecho, la experiencia europea con este tipo de plantas ubicadas en plenas zonas urbanas indica cero riesgos a la población. Incluso, en varias ciudades, se han convertido en verdaderos íconos arquitectónicos (Portsmouth, Marchewood, Londres, Barcelona).

La planta de la CDMX se ubicará en el Bordo Poniente; ya fue licitada y formalizada a través de un contrato de servicios (de transformación de basura en electricidad), pagado con los recursos que hoy se destinan a los rellenos sanitarios del Estado de México y a la factura eléctrica del STC Metro.