Desde hace cuatro años en Francia se publica el Barómetro de las Microfinanzas, una herramienta que ofrece una visión mundial de las acciones llevadas a cabo por los diversos actores involucrados en el ahorro y crédito popular (instituciones microfinancieras, inversionistas, investigadores, reguladores) para impulsar una mayor receptividad, innovación, responsabilidad y efectividad.

Con datos del 2011, el Barómetro 2013 indica las tendencias relevantes y revela el potencial de las microfinanzas en las economías industrializadas, ¡ojo, industrializadas!

Cabe mencionar que este sector ha sido una de las innovaciones más destacadas del siglo XX producidas y desarrolladas desde el mundo de la pobreza y la explotación. Un invento creado en Bangladesh que se ha expandido prácticamente a todo el mundo, a partir de una primera fase de crecimiento en países pobres (Asia, África y Latinoamérica).

¿Qué novedades nos presenta este Barómetro? Primero, un creciente interés por la evolución de las microfinanzas en el primer mundo, a pesar de ser un movimiento surgido en el sur. Segundo, una desaceleración de las microfinanzas durante el 2011. Tercero, una concentración en pocas instituciones; 100 organismos concentran 80% del portafolio de crédito. Cuarto, los acreditados alcanzaron ya los 94 millones; sin embargo, en India disminuyeron 20%, en tanto que en África y Latinoamérica crecieron 15 por ciento. Quinto, aumentan las fuentes de financiamiento local a través de más depósitos.

Hay que destacar que el Barómetro adolece de la tendencia general de identificar microfinanzas con microcrédito. Una vez más, el ahorro es el permanente olvidado, tanto en el discurso como en la práctica institucional.

En los países desarrollados se ve a las microfinanzas (léase microcrédito) como una herramienta potencialmente efectiva para responder a los efectos de crisis social y económica que enfrentan.

Si las cifras se comparan con países como Perú, Bolivia o aun México, parecen insignificantes, pero muestran que también en las economías antes boyantes, el ahorro y crédito popular empiezan a expandirse.

En el 2011 se desembolsaron 204,800 créditos en Europa. En Francia se generaron 60,000 empleos cada año, una cifra nada desdeñable. No sólo eso, sino que los desempleados constituyen 70% de los beneficiarios; la probabilidad de sobrevivencia de nuevos emprendimientos, gracias al microcrédito, es de 44 por ciento.

Los planteamientos que dan sentido al Barómetro y son impulsados vigorosamente son que las microfinanzas no son neutras; son portadoras de responsabilidad social (no rara vez de irresponsabilidad social); su potencialidad para enfrentar crisis económicas y sociales es creciente y debe analizarse su impacto con los llamados indicadores de desempeño social.

México necesita también su barómetro, instrumento que mide la presión y, en este caso, el estado actual de las microfinanzas. Un barómetro que año con año concentre y difunda información, anticipe tendencias, socialice innovaciones, señale riesgos y desviaciones e impulse un mayor compromiso con los clientes y usuarios de los servicios microfinancieros, más que con los inversionistas. Dada la magnitud y dimensión que implica este necesario proyecto, Pronafim y Bansefi, quizá aliadas con Prodesarrollo, deberían unir esfuerzos y capacidades, recursos humanos y financieros para seguir el pulso de este movimiento y producir anualmente un Barómetro mexicano.

*Experto en microfinanzas. Coordina Cosechando Juntos ?lo Sembrado, SC.