“¿A quién le van ustedes a creer: a The New York Times o al pueblo norteamericano?”. La pregunta formó parte de una campaña negra pagada por el gobierno de Richard Nixon en contra del diario neoyorquino.

Carl Bernstein y Bob Woodward la citan en Todos los hombres del presidente, libro sobre el caso Watergate que terminó con la presidencia de Nixon.

Cataluña y México viven realidades paralelas donde la palabra “terrorismo” ha estado presente esta semana en la agenda mediática.

En calles de Barcelona aparecieron carteles anónimos con fotografías de seis periodistas de varios medios en los que se les acusa de ser terroristas. Se trata de Xavier Sardà (El Periódico), Joan Guirado (OKDiario), Mayka Navarro (La Vanguardia), Xavier Rius (E-notícies), Estefanía Molina (La Sexta) y Laura Fàbregas (Crónica Global).

El común denominador de los seis ha sido su aguda crítica en contra del proceso independentista.

Màrius Carol, director de La Vanguardia, publicó ayer un editorial sobre el tema: “Estos profesionales se han limitado a explicar lo que ha ocurrido en las calles de Barcelona en las últimas semanas (...) Lo grave es que desde la presidencia de la Generalitat no se hayan condenado estas acciones propias de una sociedad insana (...) Una sociedad incapaz de criticar las fechorías de los propios porque son “los nuestros” no tiene ningún futuro. No se puede construir nada desde la miseria moral de pensar que lo que ocurre en nuestra trinchera es bueno y lo que pasa en las filas contrarias resulta necesariamente malo. Este maniqueísmo simplista y vergonzante indica que hemos caído en la trampa de creer que unos están en el lado bueno de la historia. Atacar la libertad de expresión cuando las noticias no nos gustan no nos hace mejores, sino que muestra nuestra incapacidad para imponer argumentos desde la razón y la inteligencia”.

En México, el subsecretario de Gobernación, Ricardo Peralta Saucedo, utiliza un espacio en el diario Excélsior para intimidar a los que ejercemos la libertad de expresión: “Crear ambientes de duda entre colaboradores, difundir notas hirientes para dividir equipos de trabajo y hasta contar con toda una infraestructura mediática y de redes para generar noticias falsas se puede configurar como terrorismo”. El 4 de noviembre, el funcionario catalogó como “notas sensacionalistas (...) las supuestas renuncias de los secretarios Sánchez Cordero y Ebrard”.

El 8 de abril publiqué en este espacio lo ocurrido el 2 de abril: la renuncia del secretario de Relaciones Exteriores al presidente López Obrador. El perfil recto y veraz de mi fuente de información y algo más cercano al entorno de la renuncia del secretario motivaron la redacción de mi columna. Siete meses después, Ricardo Peralta Saucedo describe la nota como “sensacionalista” y escrita por un “terrorista” al que amedrenta recordándole que: “El delito de terrorismo está considerado como un delito contra la seguridad de la nación, tipificado (con) pena de 15 días a 40 años”.

Barcelona no es México

En Barcelona fueron anónimos los que calificaron a seis periodistas como terroristas. En México, desde el poder Ejecutivo, un funcionario califica de terrorista a quien escribió la columna sobre la renuncia de Marcelo Ebrard.

En España, el presidente Pedro Sánchez publicó en Twitter un mensaje sobre el tema: “la libertad de información es un derecho fundamental, un pilar básico e irrenunciable de la democracia que debe ser respetado y garantizado”.

En México, la oficina de comunicación social de la Secretaría de Relaciones Exteriores dicta una columna a Ricardo Raphael para asociar la información que publico, con la embajadora Martha Bárcena y Agustín Gutiérrez Canet como fuentes de información. No contento con el chisme en El Universal, Ricardo Raphael incursiona en el periodismo del espectáculo tipo Chapoy para acusarme con Carmen Aristegui que soy “cercano” a la embajadora. Lamentable escena de vodevil pero entendible en un intele-cuál  convertido en una estrella más de los canales de la 4T.

Al haber trabajado en la SRE, tuve la oportunidad de conocer a profesionales de la diplomacia con quienes mantengo amistad. De igual manera, me da un enorme gusto que jóvenes diplomáticos a quienes les impartí clases en el ITAM se encuentren cumpliendo sus tareas con profesionalismo y éxito dentro del servicio exterior.

En efecto, Barcelona no es México. En Cataluña son anónimos las personas  ruines que acusan a periodistas de terrorismo. Aquí, funcionarios utilizan espacios periodísticos para amenazar a periodistas con meterlos a la cárcel por 40 años.

En La Vanguardia, Màrius Carol escribe: “El buen periodismo casi nunca comulga con las versiones oficiales, y siempre hay gente con ganas de cerrar la boca a los medios y de intimidar a los profesionales”.

“¿A quién le van ustedes a creer a The New York Times o al pueblo norteamericano?” Indignante pregunta que se puede aplicar al México de hoy.

¿A quién, señor subsecretario?

Twitter: @faustopretelin

Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.