Vendió esperanzas, una posibilidad intangible de poder sacar a su país de la profunda crisis económica y moral por la que atravesaba Estados Unidos tras el mandato de George Walker Bush.

Pero ahora que ya lleva tres años y medio ocupando el salón oval de la Casa Blanca, Barack Hussein Obama tiene que responder por lo que su administración ha hecho y ha dejado de hacer.

Los datos del viernes pasado en materia de empleo y desocupación deben ser una enorme preocupación para el demócrata que busca la reelección presidencial.

La gran recesión le arrebató al mercado estadounidense unos 8 millones de empleos y la recuperación económica no ha dado para reponer ni siquiera la mitad de esas plazas laborales.

Durante los últimos meses, el desempleo mostraba una tímida recuperación, pero constante. Sin embargo, ahora hay un freno con el que no contaban los analistas, menos los demócratas.

Durante mayo pasado se agregaron a la economía 69,000 nuevas plazas laborales, las puestas corrían entre los 100,000 y 200,000 nuevos puestos laborales. La tasa de desocupación se elevó de 8.1 a 8.2 por ciento.

De hecho, mayo fue el tercer mes consecutivo con una desaceleración en la creación de empleos.

Este dato, que debería ser escalofriante para todos los estadounidenses, resulta miel para los oídos de los republicanos que han podido confirmar que su estrategia de ataque a los demócratas por la vía del desempleo promete aportar jugosos dividendos.

Willard Mitt Romney tiene ya en la bolsa la candidatura a la Presidencia por el Partido Republicano y llega además con un empate en las preferencias electorales con su contrincante Barack Obama.

El exgobernador de Massachusetts parece estar copiando la propaganda al PRI de México y asegura que la economía de su país está detenida bajo la conducción demócrata.

Es, al igual que lo que ocurre en nuestro país, una exageración. Pero cuando respalda su estrategia en el desempleo todo se vuelve creíble, porque la imposibilidad de millones de tener un sustento digno a través de trabajar es terreno fértil para la oposición.

Lo que tampoco explican los republicanos, como no lo hace acá en México el PRI, es que este partido político desde el Capitolio en Washington ha frenado numerosas iniciativas del presidente Barack Obama para impulsar la creación de empleos.

Y tampoco cuenta en la percepción de los estadounidenses el hecho de que su país está inmerso en un ambiente de incertidumbre mundial impulsado por una terrible crisis financiera en Europa, que acaba por repercutir en todo el mundo.

Desde el 2008 y hasta la fecha, el mundo entero ha enfrentado uno de los peores tiempos económicos de la historia reciente y las facturas políticas han repercutido por todos lados. En todo el mundo se han dado bandazos democráticos a raíz de la crisis.

Los electores han castigado a los gobiernos en turno en todo el planeta. Valdría la pena hacer un recuento de los cambios políticos en el mundo derivados de la crisis, pero hay que sumar desde Egipto, por la vía violenta, hasta España o Francia por la ruta democrática.

A Barack Obama le quedan cinco meses para que los números del empleo cambien y así él mismo pueda conservar su trabajo, de lo contrario tendrá que sumarse a las estadísticas del Departamento del Trabajo.

El tema es que en este momento la incertidumbre mundial ha alcanzado niveles no vistos desde los peores días de la Gran Depresión y con el factor confianza jugando en contra de todos es difícil pensar en una recuperación.

Ahora que la tentación de seguir utilizando el gasto público o la deuda para generar una expectativa positiva es muy alta.

Estados Unidos ha postergado su necesaria corrección fiscal y está claro que no habrá ninguna decisión difícil hasta que pasen las elecciones de noviembre, pero si hay que alimentar el fuego económico con unos dólares más, no es difícil ver al menos el intento.

La primera piedra

No debe haber hoy muchos mexicanos en su sano juicio que pretendan encontrar oportunidades económicas en España que en su propio país. Habrá quien salga por cuestiones de seguridad y eso es comprensible.

Pero el trato que dan las autoridades migratorias españolas a los mexicanos es totalmente indigno. No sólo por el hecho de que al menos 300 mexicanos han sido regresados sin una razón válida, sino porque realmente los oficiales migratorios son gente muy altanera y grosera en los aeropuertos españoles.

Da verdaderamente miedo llegar a Barajas o a El Prat. Ojalá que la autoridad mexicana haga algo más que simplemente decir que es preocupante esta situación.