Aun en los peores días de las presiones inflacionarias del año pasado, cuando los precios de los alimentos se incrementaban dos dígitos y el índice general estaba más cerca de 5%, los integrantes de la Junta de Gobierno del banco central mexicano estaban muy serenos.

No fueron días sencillos porque a las presiones mundiales en los precios de los alimentos se sumó el tema local de la especulación con el precio del huevo, tras el brote de gripe aviar en Jalisco.

La depreciación brusca y sostenida del peso frente al dólar tampoco colaboró mucho con la estabilidad de precios.

Durante la primera mitad del año pasado, el Índice Nacional de Precios al Consumidor se mantuvo tan cerca de 3% que parecía que el banco central podría pensar en la posibilidad de una rebaja en las tasas de interés, sobre todo cuando ya estaba claro que durante los dos últimos trimestres del año vendría una desaceleración.

En las minutas de las reuniones de la Junta de Gobierno del banco central se dejaba ver que algunos de sus integrantes estaban en favor de pensar en un impulso a la economía desde la política monetaria. Otros preferían esperar y ver. Y otros más seguían pensando en no perder de vista el comportamiento de los precios.

Durante la segunda mitad del año pasado, la inflación se descompuso rápido. La sonrisa se borró de la cara de los responsables de la política monetaria, se mostraban preocupados porque se descompusieran las expectativas de los agentes económicos sobre el comportamiento de los precios.

Posiblemente sudaban un poco en privado, pero, ante las cámaras, la imagen de serenidad dominaba; sobre todo cuando el gobernador del Banco de México, Agustín Carstens, repetía una y otra vez que lo veían como un fenómeno temporal.

Afortunadamente, también les quedó claro que un poco de lenguaje rudo de su parte ayudaría a que la inflación no se desmadrara.

Empezaron las advertencias de que el banco central tenía la llave del dinero y que, ante un eventual aumento de las presiones de los precios, ellos le podrían subir el precio al producto que manejan en exclusiva: el peso mexicano.

Fue rápido el proceso de despresurización de la burbuja inflacionaria y el 2012 terminó con un INPC por debajo de 4 por ciento.

Este año inicia con la advertencia de que Estados Unidos se desacelera y que una recesión en dicha nación podría ser posible si la corrección fiscal se hace más estricta.

La inflación en Estados Unidos y Europa ha bajado, dando incluso la posibilidad al banco central de Europa de bajar sus tasas de interés y ofreciendo a la Reserva Federal la posibilidad de cumplir con su promesa de tasas en cero por muchos años.

Hoy conoceremos la determinación del Banco de México de qué hacer con su política monetaria. Es un hecho que la tasa se mantendrá en 4.5 por ciento. Eso no es noticia.

La novedad puede llegar en la parte discursiva. El comunicado de política monetaria deberá ser más relajado en la parte inflacionaria y quizá más atento del tema del crecimiento económico.

Y la especulación es que si se mantiene la inflación a la baja y la economía en franca desaceleración, el Banco de México podría decidir un relajamiento de su tasa de interés.

Una decisión así podría impactar el flujo de recursos a los mercados de deuda, con algún efecto cambiario.

En fin, por lo pronto hoy respiran más tranquilos en el banco central.

La primera piedra

A pesar de que se trata de una jugada política maestra, la verdad es que a la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de los Servicios Financieros (Condusef), la tratan como un juguete político.

Si se pudiera pasteurizar una institución, como lo hacen con la leche, éste sería el ejemplo perfecto. Hace un par de meses, esta instancia estaba en manos del panismo, sí. Pero estaba en manos del ala más derechista de los blanquiazules en la figura de Luis Pazos. No sé quién pudiera sentarse más a la derecha que él.

Y ahora, los priístas ofrecen la silla de la Condusef a un personaje que está tan a la izquierda que a veces parece salirse del espectro del péndulo partidista.

Mario di Costanzo, nombrado alguna vez Secretario legítimo de Hacienda y exdiputado del PT, íntimo de López Obrador es el nuevo responsable de defender al usuario de servicios financieros.

Es impecable en el terreno político, entre otras cosas porque la Condusef tendrá que certificar que el famoso caso Monex tiene más de telenovela que de realidad, pero pobre institución tan mal tratada.

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