Hace ya tiempo que los predecibles anuncios de política monetaria del Banco de México (Banxico) no despiertan el interés de los mercados y de los analistas, pero esto cambió en las últimas semanas desde que se publicó la minuta de la última reunión de política. Se hizo público lo que todo mundo sospechaba: existen, naturalmente, puntos de vista distintos del rol de la política monetaria y de las perspectivas de la economía, a pesar de que hasta ahora los anuncios de política se han aprobado por unanimidad. Un grupo mayoritario es partidario de un enfoque de objetivo de inflación flexible, como se practica en la Reserva Federal (Fed) de Ben Bernake, el grupo minoritario quiere continuar con el enfoque ortodoxo, ambos reconocen la estabilidad de precios como objetivo último de la política monetaria y mandato de Banxico, pero tienen diferencias tácticas. El grupo mayoritario quiere bajar la tasa de interés para ayudar a la recuperación de la economía y piensa que aun con una tasa de interés más baja la inflación convergerá a la meta en el mediano plazo, el grupo minoritario no está de acuerdo, según ellos se requiere un sesgo relativamente restrictivo de la política monetaria para alcanzar la meta y ganar credibilidad.

¿Quién está en lo correcto? Yo prefiero el enfoque flexible, pero si tuviera que votar para el anuncio de este viernes, apoyaría la opinión del grupo minoritario en la reunión anterior, aunque por razones distintas. El momento oportuno para bajar la tasa de interés era el tercer trimestre del año pasado, cuando aumentó abruptamente la probabilidad de una nueva recesión global. Ahora el escenario base de la economía mundial y de México es distinto. En su más reciente informe sobre la economía mundial, el Fondo Monetario Internacional pronosticó 3.5% este año y 4.1% en el 2013; los miembros del comité de mercados de la Fed proyectan crecimientos de la economía de EU en un rango de 2.4-2.9% en el 2011 y de 2.7-3.1% el próximo año. La economía mexicana sorprenderá a la mayoría de los analistas y crecerá este año más de 4 por ciento. Un viejo refrán dice que es mejor tarde que nunca, no pienso que sea verdad en el caos de la política monetaria.

Una variable clave es la capacidad osciosa de la economía, la llamada brecha del producto. Se trata de una variable no-observable que se estima sujeta a gran incertidumbre. Calculo este número en un rango de -1 a -3% actualmente; la inflación y la expectativa de inflación de mediano plazo están arriba de la meta, en un rango de 3.5-4 por ciento. Estas cifras están impactadas al alza por la política de precios del sector público para la gasolina y electricidad y por el traslado del incremento del dólar y los de precios internacionales de alimentos. La inflación doméstica de precios sensibles a la brecha de producto está debajo de la meta a 2.4% en el caso de la subyacente de servicios. Sin embargo, las negociaciones de salarios y las ganancias de productividad siguen siendo consistentes con tasas de inflación de 3.7 por ciento. Incorporando toda esta información en un modelo simple de Taylor, la tasa de interés sugiere un rango que va de 4 a 5%, consistente con la actual tasa de política ( 4.5 por ciento). Una tasa de 4% también parece consistente. Pero dado que la economía crecerá más de 4% y dado que la tasa de crecimiento potencial no supera 3%, la brecha de producto está cerrándose. Francamente, sólo un escenario pesimista sobre el crecimiento justifica una baja de la tasa de interés. La mejor opción ahora es no hacer nada, monitorear la economía y bajar la tasa si vuelven a deteriorarse las perspectivas de crecimiento.

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