Con el incremento de 50 puntos base en su tasa de interés de referencia, el Banco de México (Banxico) dejó claro que no es monedita de oro y que antes de cualquier consideración política o incluso en materia de fomento al crecimiento económico, el banco central respeta a pie juntillas su mandato único de procurar mantener el poder de compra de la moneda mexicana.

El consenso del mercado apuntaba a este incremento de medio punto porcentual y sólo algunos pocos optimistas consideraban que podría ser de únicamente un cuarto de punto, mientras que algún romántico creyó que no subirían las tasas de interés.

De hecho, había razones para considerar que al interior de la Junta de Gobierno del Banxico, los que toman decisiones podrían ser un poco más flexibles con su política monetaria.

El regreso que tuvo el peso mexicano durante las últimas semanas en su relación frente al dólar desde niveles históricos de 22 por uno, a los linderos actuales de los 20.40 generaba esperanzas de algo más de moderación en el aumento de las tasas de interés.

Incluso, el reporte inflacionario al cierre del mes de enero hizo pensar por unas horas que desde el banco central podrían ser más tenues en su visión de halcones monetarios.

La inflación del mes pasado fue sin duda muy alta, no vista en muchos años durante un primer mes, pero el reporte mensual del Inegi dejó ver que las mayores presiones se concentraron durante la primera quincena. Los últimos 15 días de enero fueron más moderados.

La baja en muchos precios agropecuarios durante el primer mes del año fue bálsamo puro para el control inflacionario, sobre todo en esa parte más sensible que es la canasta básica.

Otro punto que parecía invitar a la moderación de la autoridad monetaria fue la determinación de la Secretaría de Hacienda de regresar al esquema de subsidios a las gasolinas.

Esa marcha atrás, que tan nociva es para este país que se resiste a la modernidad, es sin embargo una buena noticia para el control inflacionario. Si la válvula de escape para lidiar con los precios será la recaudación de impuestos y no los precios que pagan los consumidores, el banco central cuenta con una certeza que no tenía a principios de año.

Por todo esto, había una luz de esperanza de que el banco central fuera más moderado con su aumento en las tasas de interés. Sobre todo cuando un indicador reciente habla de un derrumbe en la confianza de los consumidores, que lo último que necesitan es tener que pagar más por financiar sus compras.

La expectativa de crecimiento económico se ha revisado drásticamente a la baja y es un hecho que el dinero caro no ayuda a mejorar este pronóstico. Desde el gobierno, que tiene que destinar más recursos al servicio de sus deudas y por lo tanto menos para la creación de infraestructura, hasta el costo de oportunidad de los inversionistas que encuentren menos riesgo y más rendimiento en los instrumentos financieros que en las inversiones productivas.

Pues nada de esto fue suficiente para frenar al Banxico. Lo suyo es asegurarse que la inflación no sea un cáncer creciente en la economía mexicana y la medicina radical es este medio punto porcentual a las tasas de interés. Así de fácil y de sencillo.