El jueves de la semana pasada Banxico realizó su primer anuncio de política monetaria del año, manteniendo la tasa de interés de referencia sin cambios en 3%, como era ampliamente esperado por la gran mayoría de los analistas y como estaba totalmente descontado en el mercado secundario. Tal vez lo más relevante del comunicado radica en que se percibe un tono más restrictivo (hawkish) que en el anterior.

Por un lado, Banxico reconoce que el balance de riesgos para la inflación ha mejorado en línea con lo anticipado por el mismo banco central. Vale la pena recordar que durante el 2014 la inflación tuvo un repunte importante, llevando la cifra anualizada a superar la banda de tolerancia de Banxico de 2 a 4 por ciento.

Sin embargo, durante todo el año pasado, Banxico enfatizó que el aumento en la inflación en ningún momento se debió a presiones por el lado de la demanda, sino a choques transitorios entre los que se encontraba el impacto de los nuevos impuestos.

Asimismo, Banxico fue contundente en indicar que durante el 2015 había varios factores que deberían contribuir a una convergencia de las cifras de inflación al objetivo de 3 por ciento. Entre estos factores destacaban principalmente: i) la dilución del impacto de una sola vez en los precios de algunos bienes como resultado de la reforma fiscal del 2014; ii) el impacto de la reforma en telecomunicaciones sobre los precios de los servicios de telefonía a raíz de la eliminación de los cobros de largas distancias nacional, y iii) un menor aumento en los precios de las gasolinas.

Este pronóstico sobre el rumbo de la inflación por parte de Banxico se llevó un fuerte refrendo con la publicación del dato de inflación de la primera quincena de enero, en la que se observó una fuerte disminución en la cifra de los últimos 12 meses de 4% en diciembre a 3% en enero.

Sin embargo, a pesar de la considerable mejoría en el entorno inflacionario a nivel doméstico, todo parece indicar que Banxico está comenzando a preparar el camino para una posible alza de tasas en algún momento de este año. Por un lado, Banxico reconoció que la actividad económica en nuestro país continúa una trayectoria moderada de recuperación y que esto puede contribuir a que el nivel de capacidad ociosa en la economía vaya disminuyendo gradualmente.

Por otro lado, Banxico volvió a enfatizar que -con la excepción de Estados Unidos- el resto del mundo se encuentra en franca desaceleración y dejó entrever que la apreciación del dólar y la caída en los precios del petróleo han provocado un entorno de fuerte volatilidad y salidas de capitales de las economías emergentes. Dado este contexto, Banxico volvió a enfatizar que sus futuras decisiones de política monetaria darán un peso importante a la postura relativa entre México y Estados Unidos, y al desempeño del tipo de cambio y su potencial impacto sobre la inflación.

En este sentido el banco central claramente siente que, para enfrentar el riesgo de una mayor volatilidad en los mercados financieros internacionales y el escenario de precios del petróleo bajos por un período prolongado de tiempo, es necesario fortalecer el marco macroeconómico mediante posibles ajustes fiscales y monetarios a tiempo.

Aunque la Fed ha dado indicaciones de que será paciente para comenzar a subir las tasas de interés, solamente un choque externo masivo o un descarrilamiento inesperado de la economía americana podrían evitar que la Fed comience a normalizar su política monetaria en la segunda mitad de este año, lo cual parecería ser la señal para que Banxico haga lo mismo.