Uno de los temas de discusión más importantes del sector de telecomunicaciones a nivel global es la identificación, limpieza y adjudicación de espectro radioeléctrico que viabilice el crecimiento de la oferta de servicios móviles. En la actualidad, los esfuerzos de los operadores móviles se centrarían mayormente en impulsar el crecimiento y cobertura de la banda ancha móvil en cada uno de sus mercados, para de esta forma obtener un retorno de inversión positivo en el menor periodo posible.

Afirmar que la adjudicación de espectro radioeléctrico sólo beneficia al segmento móvil de la industria de telecomunicaciones no contempla el impacto que tecnologías como HSPA+ o LTE pueden tener en el mercado.

Algunos pensarán que me refiero a las oportunidades comerciales que tienen los proveedores de banda ancha móvil para crear paquetes o promociones de servicio que les permita diferenciarse de sus competidores. Quienes sean más techies estarán pensando en la innovación tecnológica que estas redes harán realidad por medio de nuevas aplicaciones y dispositivos con capacidades de uso que anteriormente no estaban disponibles. Ambas perspectivas son correctas, pero yo me refiero al impacto que las tecnologías de banda ancha móvil tienen en la oferta de servicios fijos. La llegada de 4G es un quiebre con el paradigma tradicional que apunta hacia la diferencia abismal entre las velocidades de transmisión de datos que ofrecen las redes cableadas (por ejemplo, DSL, Cable Modem, FTTH, etcétera) y sus contrapartes inalámbricos.

Para poder comprender el impacto de LTE sobre la oferta de banda ancha de operadores de telecomunicaciones tradicionales o cableras, enfoquémonos en todas las geografías donde la arquitectura de red utilizada para ofrecer banda ancha al hogar no permite ofrecer velocidades superiores a los 5 Mbps a 10 Mbps.

La llegada de LTE con velocidades de descarga superiores a los 20 Mbps actúa como quiebre a un statu quo en el que los proveedores de banda ancha fija no han sentido la presión competitiva que se observa en centros urbanos densamente poblados, y que ha llevado a distintos proveedores de banda ancha a anunciar velocidades superiores a 50 Mbps o 100 Mbps.

Al tener que competir con velocidades de banda ancha móvil superiores a las de su DSL o cable módem, estos operadores se van a ver forzados a reinventarse para mejorar su atractivo frente a los ojos del cliente y poder al menos acercarse a las velocidades de LTE que se ofrezcan en su región operativa.

Si nos centramos en el mercado móvil, vemos que los esfuerzos de LTE se centraban en las inversiones de los dos principales operadores móviles del mercado. Los comentarios sobre las razones que llevaron a AT&T a comprar a Iusacell hechos por ejecutivos del operador estadounidense indican que ahora serán tres los operadores que tendrán un papel protagónico en la expansión de LTE en México.

Si el objetivo de AT&T es tener una sola red local para dos mercados distintos, entonces su estrategia tecnológica en México dependería directamente de la demanda de servicios que puedan tener sus clientes de Estados Unidos. Teniendo en cuenta que AT&T ya ofrece servicios de LTE Avanzado (velocidades de hasta 300 Mbps en sus versión actual) en Estados Unidos y Puerto Rico, esto implicaría una aceleración en la llegada de esta tecnología al mercado mexicano, convirtiéndolo en uno de los pioneros de la región.

Hay que inferir que ninguno de los operadores ya presentes en el mercado se quedará estático y posiblemente ambos aceleren sus planes de LTE-A. Si se sigue la lógica del impacto de la banda ancha móvil en la oferta de servicios fijos, esto supondría un impulso al crecimiento de servicios de banda ancha soportados por DOCSIS 3.0 y FTTx.

*José F. Otero es director de 4G Americas para América Latina y el Caribe.