Ahora más que nunca los mercados de activos de riesgo son adictos a dosis cada vez más fuertes de liquidez de los bancos centrales. Después de un par de meses terribles, ayer fue un buen día para los mercados, apoyados en la expectativa de que la Reserva Federal (Fed), el Banco Central Europeo (BCE), el gobierno de China y el Banco de Inglaterra, entre otros, salgan al rescate de la anémica economía mundial. Hasta el 2 de abril prevalecía el optimismo en el índice de acciones; el S&P 500 alcanzó los 1,419 puntos, su mejor nivel del año, pero el empeoramiento de la crisis económica-financiera de la eurozona y el deterioro simultáneo de los indicadores económicos de las principales economías del mundo trajo de vuelta el pesimismo. Entre ese día y el martes pasado descendió 10%, reduciendo a cero su avance en el año. La cotización versus el dólar de las monedas de las principales economías emergentes de desplomaron. El peso perdió 12.6%, el zloty polaco 13.6%, el real brasileño 12.3% y la rupia de India 9.6 por ciento.

La opinión que atribuye esta depreciación del peso al ascenso de López Obrador en las encuestas carece de fundamento.

Luis de Guindos, ministro de Economía de España, ha dicho que la batalla del euro se está peleando en ese país. El desenlace es inminente. España necesita capitalizar su sistema financiero, detener la fuga de depósitos y tasas de interés más bajas. El gobierno de Rajoy hasta ahora se resiste a solicitar la ayuda del Fondo Monetario Internacional y la de la Unión Europea está sujeta a condicionalidad. En cambio, le apuesta a la formación de una unión bancaria que instaure un seguro europeo sobre los depósitos de la banca, se haga cargo de la supervisión del sistema financiero y que capitalice transitoriamente la banca con recursos europeos.

Se espera un anuncio sobre este tema en la cumbre de líderes europeos al fin de junio.

Ayer, en una decisión dividida de su Comité de Política Monetaria, el BCE dejó en 1% su tasa de interés de política, pero advirtió que el actual deterioro de las condiciones financieras de la zona y de la economía podrían requerir de un relajamiento de la política monetaria. Mario Draghi, gobernador del Banco, demandó a los líderes políticos que se adopte una estrategia de estabilidad y crecimiento para los próximos 10 años. Quedó claro que el BCE no redujo la tasa de interés en esta ocasión para presionar a los líderes políticos a lograr un acuerdo en la reunión de fin de mes. Seguramente bajará la tasa de interés en la próxima reunión, una vez transcurrida la elección parlamentaria de Grecia y resuelto de alguna forma el problema de capitalización de la banca española.

Hoy, todos los ojos estarán en la presentación de Ben Bernanke en el Congreso de Estados Unidos. El tema es el empleo y el ritmo de crecimiento de la economía. En mayo se crearon en Estados Unidos sólo 69,000 empleos versus 160,000 esperados. Entre marzo y mayo se crearon 96,000 empleos, versus 252,000 empleos entre diciembre y febrero.

Aunque el empleo es un indicador rezagado en el mercado, se está interpretando esta situación como una señal de desaceleración del anémico ritmo de crecimiento de la economía. Indicadores adelantados, como el ISM del sector manufacturero, sugieren que la economía continúa creciendo a un ritmo modesto. Esto fue confirmado por la información anecdótica del Beige Book, en el cual se reportó que la economía crecerá a ritmo modesto en todos los distritos de la Fed. Al finalizar el mes concluye la Operation Twist. Ante la incertidumbre, la Fed extendería este programa hasta fin de año.

rfeliz@eleconomista.com.mx