No, no me parece del todo cierto esa afirmación de que el sistema bancario mexicano ha logrado mantenerse aislado de la crisis europea.

Es cierto que la banca en México aprendió la lección, que hoy otros mercados enfrentan, a mediados de los 90 y que se mantiene cierto grado de prudencia en el negocio bancario, pero no hay posibilidades de un aislamiento de la situación de crisis del mundo.

Una razón muy simple para ver que no hay inmunes en una crisis financiera como la que enfrenta Europa actualmente es ver la situación de muchos de los bancos matriz de las filiales que operan en México.

El grado de exposición a los problemas financieros de las instituciones bancarias españolas o inglesas es alto y si bien no implica riesgos de que abandonen el mercado, sí hay efectos en su participación en el mercado. Son prestamistas más renuentes al financiamiento local y no se puede descartar la posibilidad de una recomposición accionaria de alguna de estas instituciones.

Ahora, es cierto que no hay banco extranjero con operaciones en México en su sano juicio que pudiera optar por deshacerse de una de sus ramas más rentables de negocio. Porque no hay duda, si tienen un negocio lucrativo, ése es sin duda su operación en este país.

En esta tierra pueden todos los bancos tener prácticas inimaginables en sus países de origen, como el cobro de muchas comisiones o la colocación de determinados productos, sobre todo los relacionados con el crédito al consumo.

Después de los terribles errores crediticios de principios de los 90, que se pagaron con la crisis de diciembre de 1994, el sistema bancario aprendió su lección y los bancos resultantes se volvieron al extremo opuesto de otorgar pocos créditos y en condiciones muy onerosas.

Pero el tiempo pasó y hay rubros donde la lección quedó muy bien aprendida, como los créditos hipotecarios.

Pero hay otros tipos de crédito que siempre serán una tentación por su alta rentabilidad, como el crédito al consumo.

Así, a mediados de la década pasada el número de tarjetas de crédito colocadas en el mercado volvió a crecer de forma importante. Otra vez aparecieron los promotores hasta en el transporte público para colocar estos plásticos.

Cuando llegó la crisis financiera del 2008 y la recesión del año siguiente, muchos de esos créditos acabaron comprometidos y los bancos tuvieron un incremento en su cartera vencida.

Otra vez, desde entonces a la fecha, regresó la precaución bancaria al otorgamiento del crédito vía tarjetas de crédito.

Pero entonces, de la creatividad bancaria surgió un nuevo negocio muy rentable y seguro: el crédito vía nómina.

Pagos garantizados con el flujo del pago quincenal, una tasa alta por la falta de competencia, una colocación muy sencilla entre los consumidores con una llamada o un simple botón en un cajero automático. En fin, un producto altamente bondadoso con los ingresos bancarios.

Y con tantas ventajas vienen los excesos. De los colocadores, por las garantías. Y de los acreditados por lo deslumbrante que resulta ir a un cajero automático, apretar un par de botones y recibir dinero extra en la cuenta.

Dinero caro con altísimas probabilidades de ser recuperado. Un negocio muy rentable, pero con riesgos colaterales.

Resulta que es prácticamente imposible que un asalariado pudiera dejar de pagar un crédito que simplemente mete la mano a la bolsa del trabajador para cobrarse antes de que pueda ver su quincena.

Pero si ese mismo asalariado tiene al mismo tiempo una tarjeta de crédito, un préstamo hipotecario o quizá un financiamiento automotriz, se encontrará con la novedad de un menor flujo disponible para hacer frente a esos otros compromisos financieros.

Así que por tener que enfrentar el cobro a lo chino del crédito de nómina, tendrá una menor capacidad de pago para el resto de sus compromisos.

Nadie lo habría obligado a tomar tantos préstamos, pero la incultura financiera también es un aliado del negocio bancario.

En fin, los daños colaterales de los créditos de nómina pueden ser un asunto serio para la economía de muchas familias. No para los bancos que tienen provisiones suficientes, pero sí para muchas familias que no supieron manejar sus finanzas.

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