Uno de los lamentos contemporáneos en México es que la banca es extranjera. ¿Cómo fue que se dio su extranjerización? ¿A qué actores cabe atribuírsela?

En principio se trata de un caso de desarrollos diferenciados. En los 60 -durante el desarrollo estabilizador- cualquiera de los grandes bancos mexicanos pudo haber comprado con toda facilidad las acciones de los gigantes bancarios españoles de la actualidad: Santander o Bilbao Vizcaya.

¿Qué pasó?

Mientras España adoptó políticas económicas favorables al fortalecimiento de sus empresas y en particular de sus intermediarios bancarios, México eligió el camino de la desestabilización y el sobreendeudamiento. La inestabilidad económica con su intensa inflación interna desembocó en las grandes devaluaciones de 1982. Había que buscar un chivo expiatorio para ese gran fracaso económico con devaluación y se encontró en los bancos. Desenlace: expropiación de la banca anunciada con bombo y platillo por el Presidente López Portillo.

No se trató de una nacionalización , como con insistencia se trató de etiquetar el acto expropiatorio: los bancos expropiados eran empresas mexicanas propiedad de inversionistas locales. El desarrollo de los bancos durante el periodo de banca estatizada no fue tan negativo como podía haber sido de haberse entregado el manejo de las instituciones a funcionarios menos responsables o a agentes típicamente políticos. Posteriormente, en 1992, la administración de Salinas de Gortari decidió reprivatizar a los bancos que habían sido expropiados en 1982.

Casi una década de banca estatal o gubernamental había tenido la consecuencia de que el país se quedara sin una clase empresarial bancaria. Ya no había empresarios bancarios y, quizá, tampoco banqueros realmente profesionales. Quienes adquirieron los bancos que se reprivatizaron no eran banqueros. Pertenecían a otra categoría diferente: la de los casabolseros . No era lo mismo. Así fue y así nos fue. Los casabolseros fracasaron en su aventura histórica como dueños de los bancos de México. Prácticamente, esos bancos quebraron en su totalidad y el Estado mexicano tuvo que entrar a su rescate. Habría sido inconcebible permitir una bancarrota.

Pero ¿qué hacer con los bancos después del rescate? No había más capital interno ni accionistas potenciales que pudieran entrar al sector. La única opción que le quedaba, no al gobierno sino al país, era recurrir a la banca extranjera. México había tenido una banca mexicana. Fueron acciones gubernamentales las que determinaron su extranjerización.

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