De acuerdo con información de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por su sigla en inglés), el agua tiene tres usos principales: para actividades agropecuarias (59%), para actividades domésticas (23%) y para actividades industriales (18 por ciento).

De acuerdo con información del Censo Agropecuario 2007 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en México la superficie disponible para actividades agropecuarias es de 30.2 millones de hectáreas, de las cuales 81.5% es bajo condiciones de temporal y el restante bajo condiciones de riego.

En este sentido, destaca la importancia del agua en el sector agroalimentario de México. Durante el 2001 las lluvias fueron escasas en gran parte del territorio nacional. Sin embargo, en algunas regiones el impacto en la reducción de las precipitaciones fue mayor que en otras.

Por ejemplo, la región norte fue la más afectada al presentar una reducción en promedio de 57.1% en las lluvias del 2011 con respecto a las del año anterior y de 45.1% con relación al promedio del 2001-2010.

En el occidente también se observó un fuerte descenso en los niveles de precipitación cuyo promedio fue 31.1 y 17.1%, inferior respecto de los niveles del 2010 y al promedio de 10 años previos, respectivamente.

Así, entonces ante un escenario de dificultades existen también las oportunidades para hacer frente a dichas limitantes. Al respecto, es importante recordar que las regiones del sur y sureste son zonas que se caracterizan por presentar los mayores niveles de precipitación del país, pero también cuentan con deficientes niveles de productividad en cultivos básicos como maíz y frijol.

Además es indispensable y posible incrementar la cobertura y eficiencia de los sistemas de riego en regiones norte, noroeste y occidente, para lo cual es menester utilizar los recursos federales y estatales que van dirigidos a la tecnificación del riego y reconsiderar políticas emergentes como el subsidio a las tarifas eléctricas para el bombeo, como un incentivo a la adopción de dicha tecnología.

Finalmente, si bien es importante implementar políticas que nos permitan hacer más con menos también es deseable que se cuente con condiciones climáticas favorables que permitan que las presas recuperen sus niveles normales de almacenamiento y que se logre una producción de temporal suficiente. Sobre ello no hay control, sólo es un buen deseo. Ojalá y así sea.

*José Ramón Ojeda Ledesma es especialista de la Subdirección de Evaluación de Programas de FIRA. La opinión es del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA. [email protected]