Las bajas expectativas de crecimiento provocan que la economía entre en un círculo del cual, sin una estrategia de política pública que genere condiciones que atraigan inversión, es difícil salir

Durante el 2020, la pandemia producida por el Covid-19 materializó choques que afectaron a todos los países de manera generalizada, repercutiendo en los principales indicadores macroeconómicos y condiciones financieras globales.

Así, después de una profunda contracción económica mundial en el segundo trimestre del año pasado, se comenzó a observar una mejoría gradual durante el tercer trimestre del año, principalmente ante la reapertura de diversas actividades productivas. No obstante, dicha recuperación ha sido parcial, heterogénea y con la persistencia de un elevado componente de incertidumbre sobre el ritmo que tendrá en adelante, el cual dependerá, entre otros factores, de la evolución misma de la pandemia, las campañas de vacunación y del comportamiento que presenten los componentes de la demanda agregada.

En ese sentido, los pronósticos de organismos internacionales continúan anticipando una fuerte contracción para el crecimiento de la economía mundial, si bien se revisaron ligeramente al alza debido a una caída menor a la que se anticipaba para la primera mitad del 2020. Para 2021 sugieren una gradual recuperación, principalmente en economías avanzadas que responden a medidas de orden fiscal implementadas.

Respecto a Estados Unidos, el PIB registró un crecimiento trimestral real de 7.4% en el tercer trimestre del 2020, después de su pronunciada caída de 9% durante el segundo. Dicha recuperación estuvo impulsada por la favorable dinámica en el consumo privado (apoyada por importantes estímulos fiscales) y la inversión tanto residencial como no residencial.

Los rubros que contribuyeron negativamente al crecimiento del producto fueron las exportaciones netas y el gasto del gobierno. En ese sentido, la Reserva Federal ha enfatizado su compromiso de mantener una postura acomodaticia por un periodo prolongado hasta que se presenten niveles que estén en línea con su meta inflacionaria y de óptimo empleo.

La autoridad monetaria revisó al alza sus pronósticos de crecimiento, para caídas de 2.4% para el 2020, mientras que, para el 2021 se estimó una recuperación de 4.2 por ciento. En cuanto a los países emergentes, las condiciones económicas difieren en función de la propagación de la pandemia, de la efectividad en las medidas para contenerla y de los estímulos implementados.

No obstante, mientras las condiciones en las medidas de aislamiento se fueron relajando y el exceso de liquidez se acentuó como consecuencia de políticas monetarias acomodaticias, las monedas de economías emergentes vieron apreciado su valor.

En adelante, los riesgos adicionales a los de la pandemia que vislumbramos, y que podrían obstaculizar el crecimiento económico mundial son:

· Impacto que comprometa la sostenibilidad de las finanzas públicas en diversos países como consecuencia de altos niveles de deuda pública derivado de estímulos fiscales otorgados.

· Un incremento en el número de quiebras de empresas dentro de los sectores más afectados por la pandemia y sus posibles efectos sobre la estabilidad financiera.

· Resurgimiento o agravamiento de tensiones comerciales que pudieran afectar las cadenas globales de suministro.

·La insuficiencia o retiro prematuro de las medidas de estímulo monetario y fiscal para enfrentar la pandemia.

La coyuntura ha sido un verdadero desafío para los gobiernos, cuya implementación de políticas públicas diferenciará el tiempo de recuperación de estos.

El caso de México destaca, ya que, a diferencia de otras naciones, mostró un estancamiento en su ritmo de crecimiento durante todo el 2019 (-0.1% a/a) y el contexto de pandemia vino a generar severos estragos en su actividad económica.

Después de que en el 2T20 el PIB de México mostrara una contracción real de -17% t/t, en el tercer trimestre se recuperó (12.1% t/t), lo cual obedeció a una recuperación de la demanda externa y al relajamiento de las medidas de confinamiento.

En ese sentido, las perspectivas para la economía mexicana continúan sujetas a mucha volatilidad. Si bien el declive no fue tan severo como se anticipaba, los niveles actuales de actividad económica retrocedieron a valores de 2014. Las bajas expectativas de crecimiento provocan que la economía entre en un círculo del cual, sin una estrategia de política pública que genere condiciones que atraigan inversión, es difícil salir.

Un factor determinante que impulsaría la recuperación económica interna y externa es el desarrollo y distribución de la vacuna, lo cual conlleva varios retos; su aprobación, su producción masiva y especialmente, su distribución.

No vemos medidas tajantes de política pública que aceleren la modesta recuperación. Reafirmamos nuestro pronóstico para la actividad económica de -9.2% para el 2020, mientras que el efecto rebote estimado (3.1% para 2021) responde al beneficio tanto de la base comparativa del año anterior como de las cadenas productivas con EU.