El escenario base es que las tasas de interés no cambian.

Ante el cúmulo de evidencias de una considerable desaceleración económica y la creciente probabilidad de una nueva recesión a nivel global, los bancos centrales de los principales bloques económicos se han avocado a la tarea de apuntalar la actividad económica mediante la implementación de políticas monetarias cada vez más acomodaticias.

Mientras que en el 2010 y el 2011 los estímulos monetarios se daban principalmente en las economías desarrolladas y los bancos centrales de mercados emergentes estaban en medio de un ciclo restrictivo, en el 2012 la desaceleración económica ha obligado a que la relajación monetaria se esté extendiendo a los países emergentes.

En el lado de las economías desarrolladas, la Fed ha anunciado que mantendrá las tasas de interés en el nivel actual por un periodo prolongado que duraría hasta finales del 2014, por lo menos. Adicionalmente, no sorprendería que la Fed decida incrementar su programa de inyecciones de liquidez mediante la compra de bonos del Tesoro estadounidense y bonos respaldados por hipotecas en el mercado abierto.

Por su parte, el Banco Central Europeo (BCE), por fin, se ha embarcado en un programa de recortes en su tasa de referencia que podría durar varios trimestres. Asimismo, el BCE ha estado expandiendo la oferta monetaria mediante la compra de bonos soberanos de países como Portugal, España, Italia e Irlanda en el mercado. Por el lado de los mercados emergentes, los bancos centrales han comenzado a revertir las restricciones monetarias que implementaron desde finales del 2009 y hasta mediados del 2011.

Esto se da en un contexto de menores presiones inflacionarias por el lado de los precios de materias primas –principalmente, alimentos y energéticos – y una clara desaceleración en economías como China y Brasil.

Ante este entorno, el mercado ha empezado a cuestionar si Banxico bajará la tasa de fondeo en las próximas semanas. Aunque la posibilidad de una baja - que hace unos meses era impensable - ha venido creciendo, el escenario base para este columnista sigue siendo uno en el cual las tasas se mantienen sin cambio.

Por un lado, las presiones inflacionarias -que habían venido cediendo de manera importante durante la segunda mitad del año pasado y los primeros meses del 2012-, durante los últimos meses han traído un aumento importante en la inflación observada.

Las presiones inflacionarias pueden ser explicadas por dos factores: 1) algunos choques de oferta coyunturales provocados por escasez en algunos productos alimenticios y – aunque en menor medida- 2) el tipo de cambio.

Aunque el canal de transmisión de depreciación de tipo de cambio a inflación se ha disminuido considerablemente en los últimos 20 años, un periodo de varios meses de alza y volatilidad en el tipo de cambio aún tiene un impacto en los precios de algunos productos, sobre todo, alimentos, que tienen un precio internacional medido en dólares, aunque no sean importados.

Aunque es cierto que las presiones inflacionarias se están suscitando por choques de oferta y no por un sobrecalentamiento de la economía, resultaría complicado para Banxico justificar una disminución en la tasa de referencia cuando la inflación se ubica cerca de 4% y el ritmo de la actividad económica se encuentra aún en niveles saludables. Asimismo resulta difícil pensar que una reducción de 0.25% en la tasa de fondeo podría tener un impacto significativo sobre el nivel de actividad económica en nuestro país.

En teoría, una disminución en la tasa de interés de referencia permite fomentar el consumo y la inversión mediante la expansión del crédito. En el caso de países donde la mayoría de la población tiene acceso al crédito, las reducciones en la tasa de fondeo de los bancos centrales normalmente se traducen en menores tasas de interés en los préstamos hipotecarios, al consumo, empresariales y corporativos. Esto detona un ciclo de mayor consumo e inversión que ayuda a las economías a salir del bache.

A pesar de que el sistema bancario en México se encuentra bien capitalizado, el bajo nivel de penetración financiera de nuestro país hace difícil pronosticar un beneficio tangible en el costo y, sobre todo, en la disponibilidad del crédito a las personas físicas y a la pequeña y mediana empresa.

En conclusión, sentimos que, hasta ahora, Banxico no tiene suficientes razones para reducir la tasa de fondeo de 4.5%, pero esta situación podría cambiar si los pronósticos de crecimiento económico para México sufrieran un deterioro tangible y las expectativas de inflación se mantuvieran bajo control.

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