El próximo jueves, el Banco Central Europeo (BCE) realizará su reunión mensual y el consenso del mercado no tiene claro la decisión que tomará. Ya que en los últimos 30 días el panorama ha cambiado considerablemente y un alza en tasas quizá ya no es tan necesaria.

Hace un mes -en la junta de junio- su presidente Jean-Claude Trichet declaró que se mantendría una fuerte vigilancia sobre la inflación , frase que volvió a repetir el pasado jueves.

La frase fuerte vigilancia ha sido desplegada regularmente para indicar un alza de tasas en la próxima reunión mensual, es decir el jueves, que sería la segunda en este año, la primera fue en abril.

Las últimas cifras macroeconómicas no han hecho más que confirmar que la recuperación se ha debilitado, al tiempo que el alza en los precios del crudo se ha moderado. El fuerte incremento en el precio del energético es una preocupación para el desempeño de la inflación.

Así, se pone en duda que el BCE considere necesario endurecer su política monetaria, pero no hay que olvidar que el objetivo del banco central es velar por la estabilidad de los precios. Además, en la última reunión, Trichet rechazó la idea de que tasas de interés más elevadas pudieran perjudicar a los países de la zona euro con problemas.

Un nuevo ajuste de 0.25% llevaría a las tasas hasta 1.50%, que a decir de los expertos no es un nivel que pueda poner en riesgo la recuperación de economías como la alemana, la cual en el primer trimestre creció 1.5% y está creando empleos.

Hay quienes consideran que el ritmo de crecimiento se atenuó por las turbulencias que se han presentado en los mercados, de tal manera que se trata de algo pasajero.

En cuanto al comportamiento de los precios, principal preocupación del BCE, la semana pasada conocimos que en junio la inflación de la zona euro permaneció sobre el objetivo del banco central.

Los precios a los consumidores en los 17 países que utilizan el euro creció en 2.7% en junio, a tasa anual, sin cambios con respecto a mayo.

El BCE tiene como objetivo mantener la inflación por debajo de 2% y en busca de cumplir con éste fue que en abril elevó, por primera vez en casi tres años, su tasa de interés en 25 puntos base hasta 1.25 por ciento.

En este contexto, el descenso que han presentado los precios del petróleo se vuelve un factor en favor para que no suban las tasas de interés. En las últimas dos semanas, los precios han caído alrededor de 20%, sobre todo después de que se dieran a conocer los planes de la Agencia Internacional de Energía de que comenzaría a liberar sus reservas.

Además, la desaceleración del crecimiento en la zona y la elevada tasa de desempleo -en mayo pasado 22 millones, 378,000 europeos no tenían trabajo, de los que poco más de 15 millones son de la zona euro- deberían permitir que las presiones inflacionarias disminuyan.

Sin embargo, ni el desastre natural y radioactivo de Japón ni la crisis del euro ni la guerra en Libia detuvieron a Trichet cuando subió las tasas en abril.

Ante la expectativa de que el BCE anuncie un nuevo incremento en el precio del dinero, la divisa única europea comienza a tomar fuerza. El tema Grecia se ha quedado atrás, al menos de momento, y los operadores empiezan a comprar divisas previo a la reunión.

Tasas de interés más altas vuelven más atractivo al euro frente al dólar de Estados Unidos, donde las tasas se mantienen en niveles históricamente bajos.

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