La semana pasada se llevó a cabo la Cuarta Convención Nacional de las Afores que sirvió —una vez más— como escaparate para discutir públicamente la situación hacia la que se enfila el sistema pensionario mexicano si no se adopta pronto una reforma. De dicha convención emanaron, por un lado, diagnósticos ya conocidos de sobra acerca de la problemática. Pero, por otro, surgieron mensajes alentadores que vislumbran la voluntad de las autoridades y de las afores de avanzar en una reforma integral. Pero, desde la campaña presidencial, se dijo que la ansiada reforma se haría en la segunda mitad del sexenio.

Entre los mensajes positivos pueden mencionarse dos: primero, que el sistema de ahorro para el retiro adoptará los llamados modelos generacionales (target date funds). A diferencia del sistema actual de multifondos, donde el ahorrador migra dependiendo de su edad a fondos con portafolios de activos más conservadores, en los modelos generacionales se establece un fondo único que va acompañando al ahorrador en su ciclo de vida donde el objetivo (target) es su año esperado de jubilación. La mezcla de activos y su riesgo dentro de este fondo va ajustándose conforme el ahorrador avanza en su ciclo de vida. Maximiza así mejores rendimientos que llevan a un mayor saldo acumulado en la cuenta individual y, por ende, a una mejor pensión.

El segundo mensaje positivo es que se constituirá un grupo de trabajo para el diagnóstico y propuesta de reforma integral de los sistemas de pensiones. Se piensa conformar dicho grupo con expertos en materia financiera, de seguridad social, jurídica y de pensiones; además, incluirá a representantes del sector patronal, trabajadores y de cada grupo parlamentario. El modelo para guiar los trabajos de este grupo son las dos comisiones de expertos que se formaron en Chile en el 2008 (la Comisión Marcel) y en el 2014 (la Comisión Bravo). Ambas comisiones fueron un importante ejercicio democrático de participación plural de ideas y diálogo de expertos. Fue una forma eficaz de darle legitimidad social a las reformas que es lo que se requiere en México. No obstante, se deberá ser cuidadoso en la selección de los integrantes para preservar que las recomendaciones mantengan la independencia de intereses particulares.

Desde hace años, todos los sectores saben que el cambio fundamental para mejores pensiones es aumentar la tasa de contribución obligatoria. Pero por el costo político, esta negociación se ha pospuesto una y otra vez. Debe discutirse ya de forma tripartita este tema, inclusive antes de establecer el grupo de trabajo.

Varios analistas tienen propuestas alternas de diseño de reforma que podrían enriquecerla. Ojalá las autoridades las escuchen todas para alcanzar una mejor solución pensionaria consensuada.