La palabra “democracia” fue mencionada en más ocasiones durante la ceremonia de toma de posesión de Joe Biden que durante cuatro años en la voz de Trump.

Y qué decir de “unión”, una palabra que desapareció en el lenguaje del inquilino de la Casa Blanca.

Trump eligió “carnicería” para pronunciarla durante su discurso de toma de posesión. “Esta carnicería termina aquí”, mencionó. Poco antes, en su campaña, advirtió que “podría disparar a gente en la Quinta Avenida y no perdería votos”.

Las palabras revelan la cultura de quien las pronuncian, pero también proyectan los deseos. En las palabras desemboca la inteligencia y la ignorancia.

Kipling aseguraba que las palabras son la más potente droga utilizada por la humanidad.

“Democracia” y “unión” fueron torturadas por el neolenguaje que introdujo Trump al Despacho Oval, donde la posverdad se asentó en los múltiples escenarios alternativos del presidente.

Un presidente toma decisiones, pero frente al público solo tiene que hablar. Una parte importante de su responsabilidad es medir las palabras con los efectos que producen en la población. El asalto al Capitolio obedeció a las instrucciones dadas por las palabras que Trump pronunció y escribió en sus redes sociales. La fantasía de Trump era impedir que Biden fuera ratificado de manera protocolaria por las cámaras.

Joe Biden mencionó “democracia” en 11 ocasiones durante su discurso inaugural. Una cifra superior a los discursos de Harry Truman (9 veces) en 1949, y de Franklin D. Roosevelt (9 ocasiones) en 1941, según un análisis de CNBC.

Al salir Twitter de la vida política de Trump, acabó con su Gobierno de comunicación. Sin Twitter, desaparecieron las palabras del presidente. Dejó de existir su imagen. Es evidente que el asalto al Capitolio fue el epílogo de su Gobierno.

Biden comenzó la tarde de ayer a realizar el difícil ejercicio de aterrizar sobre la realidad.

Los 400,000 muertos por Covid-19 no le quitaron el sueño a Trump. Tampoco el cambio climático ni el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas. Sí desvió recursos financieros del ejército para la construcción del muro. Sí decidió abandonar la Organización Mundial de la Salud en momentos difíciles donde solo a través de la cooperación multilateral se puede paliar los efectos de la pandemia.

Samantha Power recuerda que hace dos décadas, la entonces Secretaria de Estado Medeleine Albright, calificó a Estados Unidos como “indispensable”. Desde entonces, escribe Power, “tanto estadounidenses como extranjeros debatieron acaloradamente esa afirmación, en la actualidad, conforme llega a su fin la gestión del presidente Donald Trump, los analistas extranjeros de los asuntos estadounidenses prefieren emplear otro adjetivo: “incompetente” (Foreign Affairs Latinoamérica).

Samantha Power fue embajadora de Estados Unidos ante Naciones Unidas en la presidencia de Obama. Biden la ha propuesto para dirigir la agencia para el Desarrollo Internacional (USAID).

Power recuerda en su ensayo que Estados Unidos fue, antes de Trump, “una marca que alguna vez hacía pensar en las revolucionarias creaciones de Steve Jobs, las hazañas de fortaleza y genialidad como el puente aéreo de Berlín y el aterrizaje en la Luna, y las oportunidades que representaba la Estatua de la Libertad, ahora proyecta caos, polarización y disfunción”.

Sobre las relaciones de Estados Unidos con México, se tendrán que resetear. El mal humor del presidente López Obrador con Estados Unidos revela que su favorito Trump ya no está en el Despacho Oval.

Las diferencias públicas de cualquier presidente mexicano con Estados Unidos destapa de manera inmediata la producción en exceso de patrioterismo. Y como sabemos, en crisis domésticas nunca se desprecia una dosis elevada de patrioterismo entre la población.

@faustopretelin

Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.

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