Nuestro cerebro es muy sabio. Además, es buen amigo de nosotros mismos. Cuando entramos en un estado orgánico de desequilibrio o persistimos en una acción o conducta que no nos conviene, el comandante supremo de nuestro organismo se siente en la obligación de avisarnos que, de continuar por ese camino, nos vamos a enfermar, o nos vamos a lesionar o mejor dicho nos va a llevar el carajo.

Sin embargo, los humanos somos tan necios que a quien menos caso le hacemos caso es a nuestro propio cuerpo o mente. Tenemos una capacidad enorme de negar ante nosotros mismos lo que estamos haciendo y/o sintiendo. Es decir, ignoramos la información que proviene de nuestro organismo, o de nuestro entorno y por lo tanto las señales de que existe un problema latente o un grave peligro en gestación. Si tomáramos en cuenta estas alertas podríamos evitar la enfermedad, el caos, los accidentes o al menos aminorar el desastre en el que nos estamos metiendo. Pero… al no hacerlo, estamos alimentando y promoviendo la generación de males mayores y seguimos aferrados y como se dice tan campantes.

¿De que manera nos volvemos autodestructivos y no cuidamos de nuestras posesiones más preciosas como nuestro organismo o nuestra tranquilidad emocional? ¿Por qué no evitamos desastres que están, en cierta medida, en nuestras manos evitar o contener? ¿Será que disfrutamos estas situaciones caóticas, de manera masoquista, a pesar de intuir que haciendo lo que hacemos nos estamos dañando?

Pues ora si que nadie sabe, nadie supo, ya que las tendencias autodestructivas siempre han desconcertado a los psicólogos de todo el mundo. Además, en estas lides de hacernos sufrir a nosotros mismos somos muy creativos y hemos inventado mil y un maneras de ocasionarnos daños inmediatos o a largo plazo. Yo, por ejemplo, como muchos millones más en el mundo, he decidido fumar y a pesar de saber que es un vicio tóxico y que terminará matándome, pues lo hago y ya está. No se diga más. A otros les da por el alcoholismo, o las drogas, o de plano por hacerse heridas intencionadas. Cada quien sus gustos y su autodestrucción.

Pero de todas las formas de hacernos la vida de cuadritos y exterminarnos, hay una, más social que individual, que consiste en crear y apoyar gobiernos desastrosos y autoritarios, tan perjudiciales como el tabaco y aún más enajenantes que la cocaína. Ya saben de lo que les estoy hablando, no me digan que no.

El asunto es realmente complejísimo y fascinante. Veamos. ¿Qué pasa por la cabeza de cientos de miles o millones de personas que aceptan y apoyan una pésima situación económica, la negación diaria de la realidad, la falta de medicamentos, una pandemia descontrolada, la falta de transparencia, una atención médica deficiente, los altos niveles de inseguridad, el aumento de feminicidios, el uso discrecional de los recursos de todos, el cese de apoyos a ciencia, cultura, refugios para mujeres abusadas, centros de ayuda a mujeres con cáncer o a las guarderías? ¿Por qué no nos molesta el nulo apoyo a las micro y pequeñas empresas, el que haya más desempleo que nunca, la militarización del país, la falta de atención a los derechos humanos o el desprecio por la ley que se aplica a modo?

Emile Durkheim, el gran sociólogo y filósofo francés, diría que nos estamos suicidando lentamente, que las terribles condiciones sociales a las que estamos y hemos estado sometidos, están desencadenando una actitud de desprecio por todo, hasta por nosotros mismos y, aquí meto mi cuchara, estamos ante la fatalidad del Covid-19 y de un mundo en crisis, dispuestos a aceptarlo todo y no defendernos de nuestra propia inacción. Incluso, me atrevo a decir, inconscientemente favorecemos el desastre.

Aguantar y no rebelarnos ante los abusos no es una muestra de salud mental, ni de aceptación del destino, por el contrario, es una señal de cansancio, indefensión, autodestrucción y baja confianza en nosotros mismos. A lo mejor en la inconformidad y en la lucha por lo que queremos, nos encontraremos con sangre, sudor y lagrimas, como dijo Winston Churchill, pero creo que vale mucho la pena librar esta batalla.

Psicodramas y comentarios:

@TVale2012

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Tere Vale

Psicóloga

Columna invitada

Psicóloga, conductora, escritora, comentarista de Grupo Fórmula.