Una de las promesas de campaña más notables de Andrés Manuel López Obrador fue acabar con los excesos y privilegios que, desde el gobierno, han tejido una cadena interminable de corrupción. Suena bien.

Es urgente frenar el derroche al que tantos políticos han estado acostumbrados durante décadas a todos los niveles. En los lineamientos para el combate a la corrupción y la aplicación de una política de austeridad republicana, AMLO enumeró 50 puntos que deben ser analizados uno por uno para garantizar que se cumplan parejo.

Si realmente queremos transformaciones de fondo que beneficien a la gran mayoría de los mexicanos y no sólo a quienes pretenden sacar ventaja política de un nuevo discurso, tenemos que ir un paso más allá, pues hoy vemos un nuevo mago, pero seguimos sin entender dónde está el truco.

Si austeridad significa aprender a vivir con menos para generar un ahorro que pueda tener otra aplicación y detonar mayor impacto, estoy de acuerdo. A todos nos hará bien. Empecemos por aprender a vivir y depender menos del gobierno, entendiendo que siempre nos quita más de lo que nos da.

Durante décadas, el modelo al que tanto se critica ha tenido fallas que, a propósito, han convenido a la clase política. Para ganar elecciones y gobernar, el sistema político mexicano ha perpetuado la pobreza y, en buena medida, la ignorancia, negándose a transformar radicalmente el sistema educativo y a desmantelar todas las estructuras que han impedido una educación de calidad que verdaderamente empodere a los ciudadanos para ser realmente libres.

A la mayoría de los políticos le ha convenido mentir y manipular sistemáticamente para crear dependencia de los más pobres hacia el gobierno y así controlar clientelas electorales que garanticen su acceso al poder y la continuidad de esa triste realidad. De ahí que buena parte del ahorro que se busca con estos lineamientos se vaya directamente a más y nuevos “programas sociales”, a “becas”, regalos y subsidios, que lejos de resolver problemas de raíz, lo único que harán es mantener la dependencia hacia el gobierno. El verdadero desarrollo de quienes más apoyo necesitan está en otro tipo de políticas, mucho menos asistencialistas y mucho más encaminadas a empoderarlos.

Para transformar de verdad a México necesitamos austeridad de la buena, que implica exigencia para tener un gobierno, sí menos burocrático, más eficiente y menos corrupto. ¿Cómo alanzarlo? Empezando por disminuir nuestra dependencia hacia él, pues sólo así lograremos “necesitar menos” de ese papá que disfraza sus “buenas intenciones” para, siempre, siempre, siempre, quitarte más de lo que te da.

@armando_regil

Armando Regil Velasco

Licenciado en Negocios Internacionales

Ágora 2.0

Licenciado en Negocios Internacionales graduado con mención honorífica por el Tec de Monterrey. Estudió Economía y Políticas Públicas en Georgetown University. Cuenta con diversos diplomados de institutos como: la University of International Business and Economics de Beijing.