Escribo a unas horas de la inauguración del Mundial de Futbol y de que la selección de México se enfrente a los anfitriones de Sudáfrica. Hace ya varias semanas estoy con las ganas de que inicien los partidos para emocionarme con los goles, para ver la tele con mi familia y amigos, para cruzar quinielas y apuestas y ver quién paga la comida o la cerveza.

En las escuelas de todos niveles todos juegan cascaritas y la mayoría de los niños quieren ser seleccionados nacionales; conocen a todos los delanteros, porteros, defensas y directores técnicos de los equipos porque ya casi terminaron su álbum de estampitas. Además, el horario del Mundial ayuda porque con tal de levantarse a las 7 a ver la inauguración, los niños se dormirán temprano.

Para mí el Mundial, como las Olimpiadas, es la oportunidad de ver lo que somos capaces de hacer cuando tenemos buena voluntad: podemos competir, podemos ganar o perder, y nos aguantamos con el resultado porque creemos en el fair-play. Además, todos respetan la decisión del árbitro y sus auxiliares y (aunque nadie los quiera o sueñe que de grande quiere ser árbitro), y dentro y fuera de la cancha acatamos sus fallos, aunque a veces se equivoquen

Ahora bien, que si el Presidente Felipe Calderón va a la inauguración, o que si el alcalde de Monterrey también se fue mientras la capital de Nuevo León era bloqueada –de nuevo- por los Zetas, esa es otra cosa. O que si Javier Aguirre es la imagen de la Iniciativa México o que el rector José Narro de la UNAM no debió de haber ido, eso es otro tema. Es política, es responsabilidad o irresponsabilidad institucional y personal, y no tiene que ver con el futbol.

Que si las televisoras hicieron grandes contratos publicitarios y los medios de comunicación estarán enfocados al Mundial, eso también es cierto. Pero las noticias de muertos, secuestros, asesinatos, corrupción allí seguirán y en los periódicos seguiremos cubriéndolas y publicándolas.

Pero el Mundial me gusta porque quiero ver cómo los representativos se rompen el alma por ganar un balón y meter gol mientras las porras ondean orgullosas las banderas de sus países. Si en este Mundial le va bien a México, si llega al cuarto o quinto partido, será un bono extra; de hecho me tiene sin cuidado.

Ojalá y a la selección mexicana la vaya bien, ojalá y metan goles, ojalá y el Bofo no nos decepcione –otra vez-, ojalá y Rafa Márquez controle su temperamento y no lo vuelvan a expulsar, ojalá y por un mes, además de estar indignada por los asesinatos de la Border Patrol, el homicidio de los bebés de Tepito y de los de la Guardería ABC, pueda disfrutar de este deporte tan intenso, tan estratégico, tan emocionante y tan bonito... aunque mi abuelo Froylán dijera que deporte que se juega con las patas, no es deporte.

Va el himno.