Regresión

Desde el momento en que se anunciaron las nominaciones, parecía que la Academia de Hollywood había captado el mensaje de los tiempos y decidido cambiar. Añadió miembros entre minorías tratando de encontrar un balance.

Entre las películas nominadas, y también entre los ganadores (y presentadores) de la ceremonia del pasado domingo, hubo la selección más diversa en la historia. Incluido el mayor número de premios a mujeres afroamericanas. Hasta ahí todo bien. 

Y entonces, en el último premio a la mejor película del año, los votantes decidieron mostrar su verdadera cara y dar un gigantesco salto atrás.

Seamos honestos, los Oscar no van a cambiar. Si algo mostró la Academia en una entrega accidentada que fluyó más o menos bien sin presentador, es que lo suyo es la simulación. Simulación de ser vanguardista, de amar el buen cine, de ser incluyente, tolerante y moderna.

Podrá celebrar su futuro museo-parque de diversiones, declarar que está a favor de la igualdad y  el respeto de la libertad, pero en realidad, está más preocupada por los ratings, por la imagen que proyecta y por parecer todo lo anterior.

No puede robárseles el reconocimiento, porque han avanzado de sus peores versiones, pero en esta, su “nueva cara” del 2019, eligieron parecerse más a la polémica HFP y sus Golden Globes, celebrando dos de las películas más cuestionadas del año. Me refiero, por supuesto, a Green Book y Rapsodia Bohemia.

Lo mejor

Alfonso Cuarón ganó tres Oscar. Y aunque debió llevarse el cuarto, eso no demerita su triunfo. Cada vez que pasó al escenario agradeció a sus actrices, hijos y equipo, como quien sabe que será su único premio de la noche. Después coló algunas de las citas más memorables: 

Al recibir la estatuilla de Película Extranjera por primera vez para una cinta mexicana: “Yo también crecí viendo cine extranjero: Citizen Kane, Rashomon, El padrino, Sin Aliento.” Recordándole a los presentes, que su cine, es tan extranjero para nosotros, como las películas que suelen nominar en categoría aparte.

Al recibir el Oscar de Cinematografía: “Hice como decía Ernst Lubisch, que se preguntaba, qué hubiera hecho Billy Wilder… yo me pregunté qué hubiera hecho el ‘chivo’ Lubezki”.

Y al pasar por su segundo Oscar como director (ganó en 2014 por Gravity), aprovechó para agradecer a la Academia: “por reconocer una película centrada en una mujer indígena; una de las 70 millones de trabajadoras del hogar sin derechos laborales, personajes que suelen relegarse al fondo cinematográfico.

Nuestro trabajo es mirar dónde otros no lo hacen, y esto es más importante en tiempos en los que se nos dice que mejor miremos a otro lado”. 

Cuarón es el primer director que gana este reconocimiento por dirección y por fotografiar su película.

Por lo que todavía amamos los Oscar

Keegan-Michael Key baja flotando con un paraguas en medio del auditorio para presentar la insulsa canción nominada por Mary Poppins Regresa. Desciende impecable y luego no consigue cerrar el paraguas. Mágico y cómico a la vez.

Melissa McCarthy presenta junto a Brian Tyree Henry el Oscar a mejor vestuario, con un disfraz hilarante de la reina Ana, lleno de conejos de peluche, mientras hablaba, con una mano movía la boca de uno de los conejitos.

Lady Gaga y Bradley Cooper subiendo desde el público hasta un piano para interpretar “Shallow”. Su canción ganadora por Nace una estrella. La cámara se queda cerca, enmarcando el dueto con una delicadeza insólita.

No vemos reacciones del público o panorámicas del escenario. Nos quedamos ahí, en esa interpretación íntima y perfecta.

¡Así se aprovecha el escenario!

Spike Lee, de púrpura y con los anillos de Do the right thing, salta de alegría colgándose y abrazando a Samuel L. Jackson. Después toma el micrófono: “no vayan a empezar con su puto cronómetro”. Saca un papel arrugado y lee, con manos temblorosas un discurso que merece citarse completo. 

“La palabra hoy es ‘ironía’. La fecha, el 24. El mes, febrero, el más corto, el mes de la historia negra. El año, 2019, 1619. Historia. Su historia. 1619-2019. Cuatrocientos años de que nuestros ancestros fueran robados de la madre África y traídos a Jamestown, Virginia, esclavizados. Nuestros ancestros trabajaron la tierra desde que no se puede ver la mañana hasta que no se puede ver la noche. Mi abuela, Zimmie Shelton Retha, que vivió hasta los 100 años de juventud, que fue graduada de Spelman College aunque su madre era esclava. My abuela que ahorró cincuenta cheques de seguridad social para poner a su primer nieto, me decía Spikie-poo, en Morehouse College y en cine en NYU! Ante el mundo, celebro a nuestros ancestros que construyeron este país en lo que es hoy, junto al genocidio de sus pueblos indígenas. Si conectamos con nuestros ancestros, tendremos amor y sabiduría, recobraremos nuestra humanidad. Será un momento poderoso. La elección presidencial 2020 está a la vuelta de la esquina. Movilicémonos. Estemos en el lado correcto de la historia. Tomemos la elección moral entre amor y odio. Hagamos lo correcto!”.

La buena sorpresa

Se leían las nominadas y Glenn Close se preparaba para ponerse de pie, acomodándose el vestido, repasando el discurso en la mente. Después de siete nominaciones, el Oscar, por fin sería suyo.

Y entonces se anunció a la ganadora y Olivia Colman, la formidable reina Ana de The Favorite, pasó por la única estatuilla para una de las películas con diez nominaciones (Roma era la otra).

“Esto sí que es un poco estresante, me muero de la risa…¡Gané un Oscar!” dijo entre lágrimas. “Lo dedico a mis hijas, si están viendo, y si no, bien hecho, pero ojalá y lo estén porque (levanta el Oscar) esto no se va a repetir”. Colman fue simpática y generó el tipo de “momento” que todavía el Oscar es capaz de ofrecer. “Solía trabajar haciendo la limpieza, me gustaba el trabajo pero me la pasé mucho tiempo imaginando esto.” 

Correcciones

La Academia quería relegar algunos premios a las pausas comerciales. Todo mundo protestó. Felizmente, cambiaron de opinión. Los premios pequeños son los más importantes para los que empiezan y para los equipos técnicos que nadie conoce más allá de las letras pequeñas que desfilan en pantalla al final de la película. También son el lugar de los agradecimientos más entusiastas y honestos.

Lo malo

Los agradecimientos siguen siendo luz y sombra. Algunos ganadores se petrificaron, otros olvidaron qué decir. A los que sí tenían, les cortaron y bajaron el volumen. El más notorio fue el codirector de Spiderman un nuevo universo, a quien le apagaron el micrófono cuando agradecía a Stan Lee.

Se habla español

Maya Rudolph en su mini monólogo inicial “…y México no va a pagar el muro”.

Javier Bardem abre su presentación de la categoría de película extranjera: “No hay fronteras, no hay muros que frenen el ingenio y el talento”.

Diego Luna: “Ya se puede hablar español en los Oscar. Nos abrieron la puerta y no nos vamos a ir”.

En el mismo tenor, quizá la categoría de Best achievement in direction deberá llamarse de ahora en adelante Mejor director: cinco de las últimas seis veces lo ha ganado mexicanos.

Lo feo

El Oscar sigue siendo más simulación que realidad. Más sobre política que sobre cine. Mientras Netflix empuja con millones de propaganda por Roma, Fox lo hace por Rapsodia Bohemia. La película que no tuvo director, que “ajustó” la vida de Freddie Mercury recalendarizando su diagnóstico de Sida para volver más emotivo el Live Aid, fue la que más estatuillas ganó. 

Y Green Book, cuyo título se basa en una guía de viajes “para negros” que circulaba en esa época. Un road movie (muy bien actuado) de dos personas reales convertidas en estereotipos (como reclaman amigos y familiares que los sobreviven).

Una película que redujo el racismo, el odio y la crisis de los derechos civiles de los sesenta a un buddy movie sensiblero donde uno de los problemas más añejos y dolorosos del país vecino se simplifica como ignorancia individual, y cuya moraleja es, como dice Sam Adams en Slate “si sólo la gente negra fuera suficientemente excepcional hasta el más recalcitrante racista rectificaría”. Esa, es la que la Academia elige como lo mejor que hizo el cine de Hollywood en el 2018. Qué vergüenza.

Twitter @rgarciamainou