Decisiones como el aumento al salario mínimo, sin razonamientos económicos y sin el consentimiento de los que lo van a pagar, son lo mejor que le puede pasar a la 4T.

Tiene todos los componentes del populismo que se opone a un pensamiento lógico. Es un aumento por decreto, de 15%, en un país de una inflación de 4%, en el peor año económico desde 1932. Es un incremento que también cae como anillo al dedo a los lideres sindicales que van a correr a presumir su gestión.

No será la 4T la que tenga que asumir los costos de tal incremento, pero sí será desde la tribuna del poder donde se llenarán la boca con el discurso de la justicia social, de la redención de la clase trabajadora ante décadas de olvido de los corruptos sexenios neoliberales.

Y como cereza del pastel, podrán señalar a los organismos empresariales como esos insensibles integrantes de la mafia del poder que se oponen al bienestar de los trabajadores. Y, junto con ellos, a todos los que se atreven, desde la insensibilidad de sus posiciones fifís, a decir que esta decisión corre en contra de los propios trabajadores, de la creación de empleos y de la economía del país.

A la Comisión Nacional del Salario Mínimo le sucedió lo mismo que a la mayoría de las instituciones de este país: recibió una instrucción presidencial que anuló cualquier negociación o trabajo autónomo de consulta. Así, la Conasami es una víctima más de la desinstitucionalización del país.

El presidente Andrés Manuel López Obrador usó la tribuna de sus mañaneras para dictar un aumento de 15% al salario mínimo y así sucedió, porque dos de las tres partes lo aceptaron. Sólo la representación patronal trató de hacer entender los peligros económicos de un aumento de esa magnitud.

Así, la 4T puede ofrecer el “paquete elecciones 2021” que incluye aumento al salario y vacuna contra la Covid-19. No dudarán en presentar ambos hechos como logros de la transformación.

Y si hay empresas que no puedan soportar la combinación de sufrir los efectos económicos de la pandemia más el severo aumento en los costos laborales, el gobierno se encargará de responsabilizar de ello a los insensibles empresarios.

En la mente de los fieles de la 4T, los empresarios que tendrán que aumentar los salarios en esa proporción son los que se dan lujos de magnates, son los Gustavo de Hoyos o los Carlos Salazar.

En la vida real, las micro empresas de tres o seis trabajadores serán las que no puedan asumir tal incremento y entonces despidan personal o de plano dejen de operar. Son negocios de empresarios que viven al día, muchas veces con menos ingresos que muchos de los asalariados.

Y para los que pensaban en hacer negocios en México, grandes y chicos, nacionales o extranjeros, ahí queda otro mensaje oneroso del desprecio a los empresarios, de la facilidad con la que se toman decisiones por decreto que hacen inviable la operación en un país que cada día se va quedando sin reglas ni certezas.

Pero, eso sí, desde el punto de vista de una política populista, México se acerca a los más altos estándares de otras naciones fallidas de América Latina.

ecampos@eleconomista.com.mx

Enrique Campos Suárez

Conductor de Noticieros Televisa

La Gran Depresión

Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Nacional Autónoma de México, con especialidad en finanzas por el Instituto Tecnológico Autónomo de México y maestro en Periodismo por la Universidad Anáhuac.

Su trayectoria profesional ha estado dedicada a diferentes medios. Actualmente es columnista del diario El Economista y conductor de noticieros en Televisa. Es titular del espacio noticioso de las 14 horas en Foro TV.

Es un especialista en temas económico-financieros con más de 25 años de experiencia como comentarista y conductor en radio y televisión. Ha formado parte de empresas como Radio Programas de México, donde participó en la radio empresarial VIP. También formó parte del equipo directivo y de talento de Radio Fórmula.

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