Opinión

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Aumento al salario mínimo

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Por Bruno Donatello

Para que los salarios reales se incrementen de manera continua deben sustentarse en elevaciones también continuas de la productividad del trabajo. Es la única forma.

En el 2021 el salario mínimo se va a incrementar en la proporción mencionada y de ese hecho cabe esperar al menos tres repercusiones desfavorables.

Con el apoyo de la secretaria del trabajo, Luisa María Alcalde, el presidente Andrés Manuel López Obrador intentó darse una adornadota pro laboral a fin de año y anunció para el 2021 un aumento del 15% al salario mínimo. La medida parece tan filantrópica, tan solidaria con los trabajadores menos favorecidos, que el observador independiente se siente inhibido a explorar el caso desde una perspectiva de análisis crítico. Pero la gran fractura en esa decisión se muestra en la brecha que suele abrirse en política económica entre las buenas intenciones de las autoridades que discurren acciones de gobierno y los resultados que se van a obtener.

Posiblemente con el mejor de los propósitos, el presidente López Obrador y la secretaria Alcalde suponen que el salario mínimo se va a elevar 15% y que todo lo demás, incluyendo desde luego los niveles de empleo, se va a mantener inalterado. Es un grave error. Por desgracia, no va a ocurrir de esa manera.

En el 2021 el salario mínimo se va a incrementar en la proporción mencionada y de ese hecho cabe esperar al menos tres repercusiones desfavorables: a) se va a reducir el empleo, sobre todo entre las filas de los trabajadores con menor capacitación; b) se va deteriorar la situación de muchas empresas pequeñas y c) se van a exacerbar las presiones alcistas.

En mi calidad de economista profesional y de ciudadano, deseo fervientemente que los salarios, incluyendo desde luego el mínimo, se eleven de manera permanente en México. Sin embargo, para que esa elevación de los salarios quede bien afianzada no bastan las buenas intenciones de las autoridades.

El fundamento para que los salarios puedan incrementarse en términos reales sin dañar al empleo y a la inversión reside en que vengan apoyados en incrementos de la productividad del trabajo. Fue con apoyo en este principio que durante el periodo del Desarrollo Estabilizador los salarios reales pudieron incrementarse de manera continua con expansión paralela del empleo.

¡Ojalá que el principio explicado lo llegaran a comprender y a interiorizar, tanto la secretaria Alcalde como el propio presidente López Obrador! Sin embargo, con todo el dolor de mi corazón, se ve difícil que así ocurra. Ello, en razón de los rasgos psicológicos de ambas figuras tan sobresalientes del autoproclamado gobierno de la Cuarta Transformación como por sus convicciones ideológicas. Así, por desgracia, el desempleo seguirá.

bdonatello@eleconomista.com.mx

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