La popularidad y posiblemente también la utilidad de los pronósticos es que necesitamos formarnos una idea lo mejor fundada posible sobre lo que sucederá hacia adelante, sobre todo en un horizonte anual. Una de las variables más factibles para hacer pronósticos es la tasa de crecimiento que tendrán las economías nacionales en nuestro caso particular México y su principal referencia que es Estados Unidos y de ahí el interés de encuestas como la que se publicó aquí en El Economista de la consultoría A.T. Kearney respecto del atractivo de los países para captar Inversión Extranjera Directa (IED). Pero un problema que se deriva de ese tipo de encuestas y al cual se ha prestado poca atención es el de las tendencias procíclicas que tal vez inducen y que posiblemente se exacerban cuando los pronósticos están a la baja.

El caso se ha apreciado claramente en tiempos recientes con los ajustes a la baja que se han aplicado a los pronósticos de crecimiento para la economía mexicana. No estoy diciendo, desde luego, que esos ajustes se han aplicado de manera infundada, pero lo que preocupa es que los pronósticos, con su popularidad y difusión, pueden meter a la economía nacional o facilitar que caiga en un círculo vicioso en el que la economía no crece porque las encuestas ya dijeron que no crecería.

A manera de ejemplo, cabe destacar una cierta incongruencia en los resultados de la encuesta realizada por Kearney y a la que nos referimos líneas atrás. Se indica en el reportaje correspondiente que los tres factores en los que los ejecutivos encuestados habían puesto énfasis eran el costo de la mano de obra además de el tamaño del mercado doméstico y la transparencia en la regulación/incidencia de la corrupción de los países en cuestión. Sin asumir desde luego una actitud triunfalista y menos patriotera, con toda objetividad no creo que ninguna de esas variables se ha deteriorado en México tan drásticamente en los últimos tiempos que permita justificar de manera explicable que el país haya caído en un índice de atracción para la IED del lugar nueve al sitio 18.

Al explicar este descenso, el vocero de Kearney manifestó que las reformas estructurales generaron expectativas altas que no se han logrado concretar . Pero cabe observar que esa variable el cambio estructural no se encontraba entre las principales tomadas en cuenta por los encuestados.

[email protected]