Las campañas políticas están a punto de iniciar y el panorama no pinta nada alentador. La demagogia, las promesas inviables o impagables y la guerra sucia opacan anticipadamente un espacio que debería servir para proponer soluciones creativas, contrastar ideas y plantear una visión de futuro lo suficientemente alentadora para entusiasmar al electorado.

Hoy resulta todo lo contrario.

En un país donde impera lo que Gabriel Zaid denomina chapulinato, resulta indispensable reconocer las características de la mayoría de los políticos chapulines para entender el círculo vicioso en el que estamos atorados: indisciplina, impaciencia, deslealtad, oportunismo e impunidad (siempre heredan los problemas al siguiente y no se hacen responsables ni pagan por sus errores, desvíos y abusos).

Los políticos mexicanos, conscientes de la impunidad que impera, de la debilidad del Estado de Derecho y de la vulnerabilidad del sistema de justicia (al que muchos de ellos manipulan a su antojo), saben que pueden hacer lo que quieran y no pasa nada. De ahí que entrar al gobierno, aspirar a un cargo, brincar de un partido a otro y,  sobre todo, hacer negocios millonarios desde el poder a costa de los mexicanos, les resulte tan atractivo.

Quizás esto explica que, en estos días, el cinismo y la conveniencia encuentren su momento glorioso, pues se vuelve muy evidente y descarado cuántas personas están más preocupadas en arrimarse a quien pueda ganar, en colgarse de quien pueda ofrecer o garantizar un hueso, un puesto o lo que caiga, que ocupadas en construir su propio camino.

También es muy evidente, sobre todo en redes sociales, quién es libre para opinar, quién tiene opinión propia y quién no tiene dueño, pues son muchos los que, igual que los políticos, buscan colocarse y venderse al mejor postor.

Esta realidad tiene desanimados, frustrados y desesperanzados a miles, quizás millones de mexicanos. Me incluyo, sobre todo cuando pasan los días y, lejos de ver algo distinto, parece que nos hundimos en una espiral populista.

Sigo creyendo que a todos los mexicanos (sin hacer separaciones entre sociedad civil o pueblo para evitar las trampas semánticas electorales) nos corresponde hacer algo, por pequeño que sea. Si la mayoría de los políticos, inmersos en su propia ambición, es incapaz de proponer soluciones creativas, contrastar ideas y plantear una visión de futuro lo suficientemente alentadora, entonces queda una alternativa: hacerlo nosotros.

Confío en que, de lograrlo, poco a poco podremos cambiar los incentivos, generar nuevas oportunidades y cocrear un futuro que no dependa de ninguna coalición o gobierno sino de nosotros mismos, los mexicanos.

@armando_regil

Armando Regil Velasco

Licenciado en Negocios Internacionales

Ágora 2.0

Licenciado en Negocios Internacionales graduado con mención honorífica por el Tec de Monterrey. Estudió Economía y Políticas Públicas en Georgetown University. Cuenta con diversos diplomados de institutos como: la University of International Business and Economics de Beijing.