Air France lo hizo. Pegó primero y pegó dos veces. Las primeras planas de los diarios, las imágenes de la televisión y las redes sociales fueron inundadas con las fotografías del enorme Airbus A380 aterrizando en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM).

Es el avión comercial de pasajeros más grande del mundo, aterrizando en el obsoleto aeropuerto de una de las ciudades más grandes del planeta. Y si bien es un equipo que aterriza de vez en cuando en aeropuertos tan pequeños como el de Kansas City, su llegada nos incluye en la lista de los países emergentes más modernos en materia de aviación.

Y si no tenemos más llegadas de esos aviones, más rutas o más líneas aéreas, es porque el aeropuerto ya no alcanza. Pero dentro de lo limitado de la operación embarque y desembarque del A380, Air France logró un éxito indiscutible en imagen, que paga con creces la inversión que hicieron en el aeropuerto mexicano.

El viejo y saturado AICM es un buen reflejo de la economía mexicana. Hay una autoridad haciendo parches de forma acelerada, como la modificación a la sala de última espera, para adecuarse al gran avión en lo que la construcción del nuevo aeropuerto permite el primer aterrizaje, quizá de un Airbus A380, el 20 de octubre del 2020.

Las reformas estructurales que se han emprendido durante los últimos años son una buena promesa para la siguiente década, sobre todo la que se hizo en materia energética. Pero, por ahora, las dificultades del control aéreo financiero en medio de las turbulencias de los mercados han provocado desórdenes.

En la pista de operaciones financieras mexicanas hay una larga lista de capitales esperando pista de despegue hacia la calidad. Han tomado sus inversiones en pesos, han comprado dólares y por ahora, muchos sólo desean salir.

Lo que toca a las autoridades financieras, tanto fiscales como monetarias, es ordenar esos despegues, garantizando a todos aquellos que quieran soltar sus pesos tener la liquidez suficiente en dólares para que no siga depreciándose la moneda mexicana.

De paso, hay que dejar ver a los inversionistas que pueden aterrizar de vuelta en este mercado en instalaciones monetarias y fiscales suficientes para las proyecciones de sus portafolios.

El gobernador del Banco de México, Agustín Carstens, andaba en París en una reunión de gobernadores de bancos centrales y desde allá habló de la necesidad de medidas coordinadas, creativas y poco convencionales de los mercados emergentes para enfrentar la realidad de un mundo en combustión financiera.

No sabemos si habrá regresado a bordo del A380 de Air France, pero sí está claro que urge que desde su torre de control monetaria empiece a lanzar los mensajes de certidumbre interna que contengan el desánimo de este inicio de año.

La economía tiene el mejor ritmo previsto del sexenio para este inicio del 2016; tiene una inflación históricamente baja, pero tiene también una creciente percepción negativa de que los dólares tan caros y el petróleo tan barato ya no son compatibles con esos planes.

Por lo pronto, hay que repetir el llamado a la torre de control financiera del país.