El evento mediático de la semana será sin duda el tercer y último debate entre la demócrata Hillary Clinton y el republicano Donald Trump. Todo el mundo espera que este miércoles por la noche la candidata se anime a dar la estocada final al millonario.

Si lo logra, no terminará la especulación ni el nerviosismo, simplemente se traspasará a la siguiente gran duda: ¿serán capaces los demócratas de hacerse de una mayoría en el Congreso?

Es evidente que, como mexicanos involucrados en la diarrea verbal de Trump, tenemos enorme interés en ese proceso electoral.

Pero le pido por favor que el mismo miércoles se dé un tiempo de ver qué harán los diputados en la comisión de Hacienda con la Ley de Ingresos.

Justo ese día deben terminar los trabajos a ese nivel para que se pueda analizar en el pleno, seguramente el jueves que es, de hecho, el último día que les da la ley para aprobar en San Lázaro la Ley de Ingresos.

Digo, podrían votarlo hoy mismo, claro. Pero ya sabe que les encanta jugar a los legisladores en la rayita de los plazos. Así que es casi una garantía que lo aprobarán el jueves 20.

No hay tanto temor sobre los plazos de aprobación, pero sí hay que poner atención al contenido.

Los legisladores tienen la facultad de cambiarlo todo, tanto en los criterios económicos como en las propuestas de ingreso y gasto.

Por ejemplo, y es parte de lo que hay que cuidar, pueden desde las fracciones parlamentarias del Congreso impulsar una mayor estimación del precio del petróleo.

Ha ocurrido casi como una tradición que la Secretaría de Hacienda envía al Congreso una estimación del precio del petróleo que consideran subestimada para que los propios legisladores suban la expectativa y que con esos recursos ganados en el papel puedan cumplir algunos de los compromisos políticos de gasto que tienen.

Sin embargo, esta simulación no debería ser posible este año. De entrada, porque ya nos debió haber quedado claro que con los ingresos petroleros no se cuenta.

Llegamos a estos días cruciales de decisión legislativa y los precios del petróleo mexicano están casualmente en torno a los mismos 42 dólares que están pronosticados como promedio para el próximo año.

Por lo tanto, ésta debería ser una razón más para inhibir la creatividad legislativa de sobreestimar esta variable o cualquier otra que pueda alterar la tímida estabilización presupuestal que, de hecho, busca el planteamiento del poder Ejecutivo.

Pero más allá de eso, está el hecho de que el precio a 42 dólares está blindado con las coberturas petroleras; por lo tanto, no hay razones lógicas para jugar con eso.

No hay que perder de vista que hay políticos en pie de guerra por su presupuesto, como el jefe de Gobierno de la Ciudad de México, y esto puede motivar a los diputados afines a esas causas a buscar recursos debajo de las piedras.

Y la modificación arbitraria de los criterios económicos es una manera falsa de hacer aparecer recursos en el papel. Total, cuando venga el agravamiento de los desequilibrios fiscales, no será problema de ellos.