Mitt Romney no es un político prudente, se ha buscado pleitos por sus declaraciones no sólo dentro de su país, sino que cada vez que emprende una gira internacional, se mete en un conflicto por sus dichos.

Entre sus desafortunados dichos y sus cuentas en paraísos fiscales, el candidato republicano a la Presidencia de Estados Unidos aparecía como un contendiente débil para enfrentar a Barack Obama, quien, a pesar de la crisis, mantiene vivas las esperanzas de muchos.

Pero ahora, en su lluviosa convención los republicanos han reforzado dos flancos débiles de su candidato. Primero su esposa, quien busca atraer el voto femenino, al tiempo que coquetea con las minorías de inmigrantes, en especial los latinos.

Desde que lo conocí en un baile escolar ha ayudado a otros a levantarse, dijo Ann Romney en un discurso tan cuidado como su imagen de woman in red que la ubica como activa y apasionada. Todo cuidado porque todo cuenta.

Pero una buena candidata a Primera Dama no alcanza para muchos electores, por eso el compañero de fórmula de Romney es un pit bull de ataque, un congresista conservador experto en meter sin piedad la tijera en el presupuesto.

Si Romney da la imagen de un hombre pausado, reflexivo, prudente, su compañero de fórmula es lo contrario. Paul Ryan es joven, 42 años, es peleonero, es conservador y buen orador. Es la imagen del Vicepresidente que promete arremangarse para ponerse a trabajar.

Tan pronto como aceptó la nominación republicana para acompañar en la fórmula al exgobernador de Massachusetts en busca de la Presidencia de la República, Ryan tomó el fusil y disparó en contra del gobierno de Barack Obama.

De inepto no bajó al Presidente de Estados Unidos, pero lo trascendente es que el que aspira a ser Vicepresidente de ese país finalmente puso el tema central sobre la mesa: el de la necesaria corrección fiscal de esa economía.

El cinismo es parte de la constitución de cualquier político, en cualquier parte del mundo, y Ryan demostró que para eso los republicanos se pintan solos.

El reclamo al gobierno demócrata de la Casa Blanca de propiciar un enorme gasto superior a sus ingresos y de no hacer nada para corregirlo es de una desfachatez republicana impresionante.

Primero porque si alguien se puso a gastar irresponsablemente fue George Bush, militante del partido del elefantito.

Y si alguien ha evitado la corrección fiscal, ése ha sido el partido republicano. No por negarse a todo por sistema, como lo hemos visto acá en México, sino porque tienen una visión totalmente diferente sobre como reconducir las finanzas.

A quien sea que gobierne Estados Unidos a partir de enero del 2013, tras las elecciones del 6 de noviembre de este año, no le quedará más remedio que administrar una corrección fiscal. Las opciones son ya pocas, pero tendrá el gobierno de Washington la oportunidad de buscar su estilo de hacer el ajuste.

Hay un plan de choque que está listo para entrar en vigor con el inicio del próximo año que hará la tarea de buscar el equilibrio, pero será a un costo económico alto.

Durante mucho tiempo, los demócratas buscaron, no con mucho afán, que se corrigieran los desequilibrios con un aumento en los ingresos. Más impuestos, sobre todo con el énfasis electoral de cobrar más a los que mayores ingresos tuvieran.

Mientras que los republicanos buscaron la corrección fiscal a través de disminuir el gasto público, sobre todo los recursos destinados a los programas sociales favoritos de Obama: Medicare y Medicaid. La manera de agradar a los simpatizantes republicanos era defender los subsidios tributarios de los contribuyentes.

Entonces, lo que hace Ryan es traer a los reflectores un asunto que es de la mayor importancia para los mercados. También habla de lo que pega entre la dominante clase media de su país: empleos, energéticos e ingresos.

Pero el verdadero peligro financiero y económico para ese país, y para el resto del mundo, es su creciente deuda y déficit en las cuentas públicas. Esto marcará los alcances o las limitaciones de esa nación durante los años por venir.

Así que una primera virtud de este arrojado candidato a la Vicepresidencia de Estados Unidos por el Partido Republicano es que no le tiene miedo a plantear el gran tema de la agenda estadounidense, sólo a la espera de que puedan llover los cuestionamientos sobre cómo hacer las cosas.

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