En el imaginario colectivo, nos hemos quedado huérfanos de ejemplos dignos de ser emulados por su éxito histórico.

La conferencia mañanera se ha convertido en un elemento altamente distintivo del estilo personal de gobernar del presidente, Andrés Manuel López Obrador (AMLO). En una edición reciente de esas conferencias cansinas y muy perjudiciales para México, López Obrador nos salió con una inmensa sorpresa y la emprendió en contra de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). En lo específico, la acusación que endilgó a esa, su Alma Mater académica, fue que se había (sic.) “derechizado”.

La embestida tiene manifestaciones de traición política y también de disparo en el pie o de bumerang que se le devolvió al presidente directo a la cabeza. La traición política es evidente, en razón de que en una mayoría abrumadora, el claustro universitario integrado por alumnos y docentes ha sido muy simpatizante del movimiento abanderado por el partido Morena. Y por lo que hace al disparo en el pie, el propio AMLO es un producto muy representativo de lo que se cultiva y predica en la Facultad de la UNAM de la que es egresado. De manera muy evidente, esa Facultad no se ha derechizado al igual que muchas otras ramas de esa universidad. Y también de manera muy flagrante, esa Facultad tiende no generar egresados, sino tan solo adoctrinados. ¿Cuál derechización?

En el orden de la reflexión económica, lo notable es que la mencionada Facultad de la cual Andrés Manuel López Obrador salió, apoya e impulsa un modelo de país que ya fracasó de forma estrepitosa en la realidad histórica: el modelo de economía estatizada y gobierno autoritario. En tal sentido, en un momento clave del devenir histórico, cayó el Muro de Berlín y se desmembró la Unión Soviética. Pero en la mencionada Facultad, aparentemente no se dieron por enterados. Y en ese mismo contexto, de manera mayoritaria en la referida Facultad universitaria se siguen impulsando los experimentos del régimen comunista en la Cuba de Castro (aunque Fidel ya se murió) y del supuesto “socialismo del siglo XXI” que concibió Hugo Chávez para la república bolivariana en Venezuela (aunque Chávez ya también falleció). Y todo ese empuje, a pesar de los fracasos sonados de ambos regímenes dizque revolucionarios.

La campaña aludida ha resultado tremendamente perjudicial para México. En el imaginario colectivo, nos hemos quedado huérfanos de ejemplos dignos de ser emulados por su éxito histórico. ¿Por qué no propalar y tratar de emular a Alemania, Japón o Corea del Sur?

bdonatello@eleconomista.com.mx

Bruno Donatello

Columnista

Debate Económico

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