Hay ocasiones en que entender los molinos de viento contra los que arremete el presidente López Obrador, es francamente complicado. La semana pasada se lanzó contra la clase media. Dijo, cito de memoria, que eran los que no se podían convencer, los que se creían todo lo que decía la prensa (El Reforma, el Universal etc.) y que su problema era que eran unos egoístas por que aspiraban a vivir mejor, hasta estudiaban licenciatura, maestría y algunos hasta doctorado.

Extraña su diatriba, porque les endilga la relativa pérdida de posiciones en la Cámara de Diputados, y su abolladura en la CDMX y lo atribuye a que ellos, no quieren vivir como los pobres, que se conforman con lo que tienen y votan por él. Aspirar a ser mejores, es políticamente incorrecto, contrario a sus deseos, a sus convicciones, a su estrategia política.

Extraña, porque algunos de sus personajes más admirados, como Juárez, Vasconcelos, que eran indios pobres zapotecos. Los mismo era muy modesto y pobre Porfirio Díaz. Morelos y Cárdenas fueron de origen muy humilde. De ellos no puede quejarse de que aspiraron a mejor. Estudiaron, se prepararon, derivado de sus estudios, definieron sus convicciones y lucharon por ellas.

Lo anterior explicaría su animadversión a la educación, al fortalecimiento del sector educativo; su desmantelamiento del Conacyt y su definición de fifí como un sabelotodo. También explica porque sale a decir que un par de zapatos es suficiente para cada persona y, como se vio con Kamala Harris, parece que él lo cumple.

Extraña porque demuestra una ignorancia infinita del proceso económico. La clase media es el gran motor del consumo y de la economía. Es la generadora del crédito y la consumidora, por ejemplo, de casas y con ello impulsora de la industria inmobiliaria, que tanta riqueza genera y que contribuye significativamente con los impuestos que tanto necesita para sus programas sociales. Es la consumidora de decenas de productos que generan impuestos y que generan empleos. Su animadversión y sus acusaciones, son por ello extrañas e incomprensibles.

La extrañeza mayor proviene, sin embargo, de que él mismo es un clase media con aspiraciones. Aspiró a ser político, gobernador, a ser jefe de gobierno y a ser presidente, no una sino tres veces. Por lo que a él le parece que los que aspiran son de dos clases los que aspiran hacia el bien y otros que aspiran y son malos. Como siempre sin definición y sin claridad. Sencillamente el que no esté de acuerdo con él está mal y está de más. Nada más, pero nada menos tampoco.

Miguel González Compeán

Abogado, politólogo y economista

Columna invitada

Ensayista e interesado en temas legales y de justicia. actualmente profesor de la facultad de derecho de la UNAM.

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