Las cosas son en su devenir .

D. Bonhoff, Die Wahrheit

La Constitución instituye la ley de mayoría. Distintos ordenamientos electorales la hacen aplicable. Así es la democracia representativa, la única que existe, por lo pronto. Aun en su cuenta aritmética abre el horizonte: la política del día a día y lo real de la política. Lo segundo, fusión de la fuerza del león y de la astucia del zorro, escribe Maquiavelo. Una política para la República. 

Una parte de los votantes pierde. Salvo en los países de partido único. En Francia, 1995 marcó la derrota del Partido Socialista, después de 14 años de gobierno de Mitterrand. A pesar de que los logros de éste fueron extraordinarios, la mayoría del electorado se decidió por Chirac, líder de la derecha liberal gaullista.

No bastó que en esos 14 años Mitterrand consolidara la Unión Europea, ni que la economía francesa estuviera en auge, ni que 100% de los jóvenes hubiera alcanzado el nivel escolar del bachillerato. Tampoco que los cuadros socialistas aparecieran mejores que los gaullistas. La mayoría les fue adversa. Al despedirse, Mitterrand dijo a su partido: Cuando Francia los necesite volverán al gobierno . Fueron 17 años de travesía del desierto. Desde abril del 2012 gobiernan los socialistas.

Los que pierden en la democracia no pierden, ganan tiempo para preparar la siguiente elección. Y para pulir en la práctica una agenda que les permita recuperar la iniciativa. Lula da Silva ganó la elección en Brasil después de cuatro intentos. Y parece que podría postularse nuevamente. La democracia exige legalidad, paciencia y buena comunicación con la gente.

La democracia no admite el resentimiento de los perdedores, precisamente, porque no hay perdedores. El resentimiento parasita en los cuerpos, en el lenguaje y la política. Parasita en ellos y los reseca. Les quita fuerza y vitalidad. Cuerpos resecos, lenguaje cansado, política agotada. La única cura del resentimiento se encuentra en la serenidad y la espera.

Hay dos opciones frente a lo inaceptable. Levantar la voz, lo que sucede con el voto. La otra es la salida. Muchos estadounidenses liberales emigraron a Canadá en ocasión del segundo triunfo de Bush. Lo mismo sucedió en Francia cuando en el 2007 estuvo a punto de ganar la extrema derecha. En México, la situación es distinta. Los problemas son tan afilados que una Agenda Nacional surge por ella misma. Basta tomar altura. Quizá.