Brillante, preparado y entretenido, pero sólo le importa su fama

La popularidad de Alexander Boris de Pfeffel Johnson (Nueva York, 1965) hay que entenderla por su capacidad para representar a un querido estereotipo de la sociedad británica: el personaje de clase alta, educado en sus mejores instituciones, pero que en lugar de mostrarse altivo deambula con un estudiado desaliño, utilizando sus años de debates dialécticos en Oxford para lanzar continuas frases ingeniosas que desarman a su audiencia.

Esta imagen fue reforzada durante sus años como periodista en The Times, The Daily Telegraph y The Spectator, pero sobre todo en sus apariciones en el programa satírico de la BBC sobre la actualidad Have I Got News for You.

“En las campañas, todo el mundo quiere charlar y hacerse fotos con Boris, incluso quienes no son simpatizantes del partido”, afirma un activista de los tories. “A los demás políticos no les conoce nadie y ni se acercan, pero el carisma de Boris es indudable”.

Cualquier escándalo personal resbala sobre esa imagen y se considera aceptable. Durante la reciente campaña para suceder a May, la policía tuvo que acudir a la casa de la última novia de Boris, Carrie Symonds, alertada por los vecinos que escucharon una fuerte discusión. Ni siquiera los tradicionales militantes conservadores dejaron de apoyar por ello a Johnson, quien arrastra dos divorcios, cinco hijos (reconocidos) y múltiples infidelidades.

Tampoco parece afectarle hasta ahora su superficialidad ideológica. En cada momento, Boris enarbola la bandera que más le acerca al poder. En su etapa como alcalde de Londres (2008-2016), ciudad tradicionalmente de izquierdas, se mostró como una persona liberal y promotora de la diversidad. Pero en el 2016 desafió al entonces primer ministro David Cameron para defender el Brexit en el referéndum, mostrándose implacable contra la inmigración.

Como premio tras ganar el plebiscito, fue nombrado ministro de Asuntos Exteriores por Theresa May, pero en el 2018 dimitió en protesta por el pacto del Brexit, otra maniobra que muchos vieron como parte de los preparativos para saltar el poder con la ayuda de la cada vez más organizada y potente ala euroescéptica del Partido Conservador. Desde su renuncia, ha escrito una columna semanal en el Telegraph, la biblia de los veteranos tories.

Su ambición, los escándalos, la superficialidad, el uso de los medios y su tirón popular hacen que muchos observadores británicos le comparen con el presidente estadounidense Donald Trump, con quien parece mantener una buena sintonía. Un diplomático europeo rebate esta imagen. “Es cierto que Boris, como Trump, sabe enganchar con una parte de la población que se sentía descolgada de la clase política, lo que hace a ambos representantes de la corriente del populismo. Pero Johnson es mucho más culto e inteligente, un gran estudioso y seguidor de Winston Churchill y una especie de déspota ilustrado del siglo XXI, que desde su cómoda posición de clase alta quiere esparcir el bienestar a toda la sociedad”.

Como periodista, fue corresponsal en Bruselas del Telegraph, donde empezó a forjar su euroescepticismo con artículos no muy rigurosos. Según Max Hastings, entonces director de ese periódico, “Boris es un tipo entretenido, pero no es adecuado para primer ministro; sólo le importan su fama y gratificación”.