En las décadas de los cincuenta y sesenta en Estados Unidos, los afroamericanos lucharon por sus derechos con manifestaciones multitudinarias, disturbios, acciones concretas y directas tales como usar en los autobuses los lugares exclusivos para blancos y entrar, perfectamente bien vestidos, a tiendas y a restaurantes sólo para blancos. En ese entonces surgieron las figuras de Malcom X, Rosa Parks, Martin Luther King y Angela Davis, como líderes del movimiento en pro de los derechos humanos de la raza negra.

Hoy, a más de sesenta años de aquellos hechos, en la segunda década del siglo XXI,  Estados Unidos ha exhibido al mundo una semana de protestas: revueltas, manifestaciones y provocaciones incendiarias, en la que no sólo participan los afroamericanos sino también algunos blancos y los latinos en 50 ciudades de la Unión; todo por el asesinato del afroamericano George Floyd a manos (a rodilla, diría yo) de Derek Chauvin uno de los cuatro policías blancos que detuvieron a Floyd por un supuesto uso de dinero falso al comprar unos cigarrillos.

También leí que Floyd estaba, al momento de su detención, en estado de ebriedad, pero si eso, el estado de ebriedad, fuera penado en el país del norte, no alcanzarían las cárceles, ni las patrullas, ni los policías para detener a tanto gringo adicto a las bebidas embriagantes (de las drogas ya ni hablamos). Según vemos en las películas y series estadounidenses, lo primero que hace un norteamericano medio cuando termina de trabajar y llega a su casa es servirse un trago.

Supongamos que George Floyd hubiera traído unas copas entre pecho y espalda, aún así, qué manera tan brusca de aplicar el alcoholímetro por parte del policía Chauvin y sus compañeros: cinco minutos de su rodilla ejerciendo toda la fuerza de su cuerpo sobre el cuello del inerte afroamericano que no opuso ninguna resistencia y que suplicaba lo dejaran respirar. Murió de asfixia, usted puede verlo en YouTube.

Quizá George Floyd había tomado algunos tragos pero el policía Dereck Chauvin traía en su sangre una sobredosis de odio. Además no actuó solo, dos de sus compañeros le ayudaron. Si acaso se salva uno de ellos por omisión aunque debió de tratar de calmar la furia del asesino y sus dos cómplices.

Habrá que darle seguimiento al caso, para saber qué clase de castigo se les aplica a los que, supuestamente, están para hacer cumplir la ley y proteger a los ciudadanos, no para ejercer animadversión racial.

Mientras tanto, so pretexto de la protesta, se ha desatado una ola de violencia y de saqueos. El presidente Trump, que cada día ve más lejos la reelección, llamó matones a los saqueadores que también incendiaron edificios. En un tuit aseguró: “Si hay cualquier dificultad asumiremos el control, pero cuando empiezan los saqueos, empiezan los disparos”.

Un recuerdo

Mi querido maestro Héctor Ortega, actor, director y escritor, fallecido ayer, contaba lo siguiente a propósito de la discriminación racial de Estados Unidos: Un negro fue detenido por la policía en una manifestación en Little Rock, Arkansas, Lo condenaron a luchar contra un león. La lucha fue abierta al público en un estadio de beisbol. En el montículo del pitcher hicieron un agujero y ahí metieron al afroamericano, sólo quedaron afuera su cuello y su cabeza. Soltaron a la fiera que se dirigió a su posible presa, cuando lo estaba olisqueando el negro le escupió al león. De la tribuna surgió un grito que se escuchó en todo el estadio: “Pelea limpio, pinche negro”.

Primer actor

Cuando se haga un recuento de los 10 mejores actores que México ha tenido en la historia del espectáculo, en el elenco tiene que aparecer el nombre de Héctor Suárez. Descansen en paz Ortega y Suárez.

Aviso

El pasado lunes terminó #QuédateEnCasa y comenzó #SálveseQuienPueda.

Manuel Ajenjo

Escritor y guionista de televisión

El Privilegio de Opinar

Guionista de televisión mexicano. Conocido por haber hecho los libretos de programas como Ensalada de Locos, La carabina de Ambrosio, La Güereja y algo más, El privilegio de mandar, entre otros.