Al principio, de tan inverosímil, se me figuró una fake news. En la medida en que fui comprobando, en diversos medios, que el hecho fue real, pasé del asombro a la indignación: Una familia que se dirigía a su casa fue atacada a balazos desde un helicóptero de la Marina —fue lo primero que leí—. En el interior del vehículo quedaron los cuerpos sin vida de una mujer de 28 años y sus dos hijas de cinco y tres. El padre de las menores resultó gravemente herido. La Secretaría de Marina informó en una primera oportunidad sobre un enfrentamiento con sicarios sin mencionar el ataque a la familia.

Nuestro querido país lleva 12 años de guerra contra el narcotráfico que no sólo la hemos pagado, materialmente, con dinero público. Además, lo peor, es que también nos ha costado vidas humanas. Se estima que 234 mil 996 personas han perdido la vida debido a incidentes relacionados con el crimen organizado desde el lapso que va del 3 de enero del 2007, cuando Felipe Calderón se puso la camisa militar que le quedaba grande, incluyendo el mes de octubre del 2017 que es hasta donde abarca la estadística.

Aunque nunca se puso, como Calderón, la ridícula camisola del ejército, ridícula porque evidentemente no era de su talla, la prenda militar era talla XXL y el panista es VSOP; Peña Nieto continuó con las mismas tácticas militares de su antecesor. No obstante que cuando era candidato del PRI a la Presidencia de la República dio a conocer las bases de su estrategia de seguridad, que definió como “una auténtica política de estado”, para luchar contra el crimen organizado y el narcotráfico.

Según lo repitió durante toda su campaña, Peña Nieto cumpliría como mandatario con un plan de lucha contra el crimen, poniendo un verdadero énfasis en la protección de la población, distanciándose así de la frustrada “guerra abierta” contra los cárteles de la droga lanzada por su predecesor.

Casi seis años después hemos visto cómo el mexiquense no varió un ápice la política bélica de su antecesor.

Reproduzco aquí la noticia, tal y como la dio El País, diario español con corresponsales en México y con sede en Madrid: “Los menores viajaban con sus padres en una camioneta por la carretera que comunica al aeropuerto con la ciudad de Piedras negras, en Coahuila. La camioneta quedó en medio de la balacera y el plomo alcanzó a las dos niñas y a su madre. Las tres murieron. Las niñas se llamaban Shelsea Abril Rojas y Kenia Azul Rojas, de cinco y tres años. Otra menor, ésta de 12 años, prima de las anteriores, resultó herida, igual que el padre”. “En un comunicado divulgado esta tarde, la Armada ha dado su versión de los eventos de la madrugada. Ni una palabra de las niñas, de daños colaterales. Nada”, agrega.

Aquí quiero hacer constar que a las 14.57 horas; es decir, a poco más de 12 horas posteriores a los hechos, la Unidad de Comunicación de la Secretaría de Marina envió a la redacción de El Economista un comunicado en donde amplió la información sobre los hechos aquí descritos; se informa que “los impactos de bala que recibió el personal civil fueron a causa del fuego cruzado a nivel tierra y no desde el aire, asimismo, el calibre de los impactos que presenta el vehículo no corresponde al armamento orgánico con cuentan las aeronaves de la Armada de México”(...) “El personal naval brindó en todo momento atención médica necesaria en el área del incidente” (...) “Cabe destacar que en este hecho el personal naval actuó en estricto apego a los procedimientos establecidos en el Manuel de Uso de la Fuerza, de Aplicación común de las Tres Fuerzas Armadas y respeto a los Derechos Humanos”.

Transcribí lo que consideré más importante del comunicado. Surgen algunas preguntas que haré con todo respeto: ¿Qué diferencia hay entre morir baleado desde un helicóptero que desde un triciclo? ¿Por qué en el primer comunicado, el que tuvo en sus manos el periodista del diario español El País, no mencionaron la muerte de las niñas y la mujer? Y, por último, dicen que el calibre de los impactos que presenta el vehículo (la camioneta de la familia) no corresponde al armamento con el que cuentan las aeronaves de la Armada de México, pero no dicen nada en cuanto al calibre de los proyectiles que causaran la muerte de la familia.

Sucede que en México tenemos un mal nacional. Ese mal nacional nos hace ver las cosas al revés. Por eso sucede que lo que en realidad es perfecto nosotros lo vemos al revés. Esas 234 mil 996 personas muertas no son nada comparadas con las casi 24 millones que nacieron en un lapso similar. Pero algunos piensan que es al revés. ¿Cuántos adultos se han salvado de tiroteos y balaceras? Mucho más de los que han sido víctimas de daños colaterales. Pero algunos piensan que es al revés. Hagamos bien las cuentas. ¿No será que muchas cosas que se piensan que están de cabeza en realidad no lo están?

elprivilegiodeopinar@eleconomista.com.mx

Manuel Ajenjo

Escritor y guionista de televisión

El Privilegio de Opinar

Guionista de televisión mexicano. Conocido por haber hecho los libretos de programas como Ensalada de Locos, La carabina de Ambrosio, La Güereja y algo más, El privilegio de mandar, entre otros.